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Situada al este de Escocia y bañada por el Mar del Norte, Edimburgo es una de las ciudades más visitadas del Reino Unido. La capital escocesa tiene dos almas. Por un lado, la ciudad medieval, que se extiende alrededor de la Royal Mile, su calle principal, y que une el castillo con el palacio de Holyrood, residencia oficial de la familia real británica  en Escocia. 

Por otro, la ciudad nueva, separada de la parte antigua de Edimburgo por los jardines de Princess Street. Se construyó a finales del siglo XVIII para paliar el problema de la superpoblación y nació como un barrio residencial, con edificios señoriales y grandes avenidas, al que se mudaron los ciudadanos más acaudalados. 

La ciudad nueva está a un paseo de la zona antigua. De hecho, en Edimburgo las distancias son muy cortas, por lo que es posible visitar los principales monumentos simplemente caminando. 

El Palacio de la Música de Edimburgo, con una iluminación especial durante el festival de esta ciudad.

Si se dispone de poco tiempo para conocer la capital escocesa, Jacobo García-Manzano, ejecutivo de operaciones de “Viajar por Escocia”, una agencia que ofrece excursiones guiadas en español por todo el país, recomienda visitar “el castillo, Calton Hill y el Museo Nacional”. 

El castillo es el monumento más representativo de Edimburgo. Ubicado sobre una escarpada colina, solo se puede acceder a él desde la Royal Mile. La entrada de la fortaleza está custodiada por las estatuas del rey Bruce y de William Wallace, dos personajes históricos muy conocidos en todo el mundo debido a la película “Braveheart”.

En el interior del recinto del castillo hay varios lugares en los que merece la pena detenerse como la Capilla de Santa Margarita, que es el edificio más antiguo de la ciudad, o el memorial a los soldados escoceses caídos en las distintas guerras. 

Además, en la primera planta del palacio real se pueden contemplar las joyas de la corona escocesa y la piedra del destino, un antiguo símbolo de la monarquía escocesa que ha estado presente en las coronaciones desde hace cientos de años. De hecho, la piedra del destino solo abandona Escocia cuando se corona un nuevo rey en la Abadía de Westminster en Londres.

Todos los días a la una en punto (excepto los domingos, el día de Navidad y Viernes Santo), se dispara un cañón desde el castillo. Esto lleva haciéndose desde 1861. Entonces servía para que los marineros del cercano Fiordo de Forth ajustaran la hora de sus relojes e instrumentos de navegación. Hoy, en cambio, es una tradición que congrega a un gran número de visitantes.

Calton Hill y el “partenón” escocés

El cañón de la una en punto tomó el relevo a la bola del tiempo del monumento a Nelson, situado en Calton Hill, un parque con unas impresionantes vistas de la ciudad. Cada día a la una en punto caía la bola desde lo alto de la torre con la intención de orientar a los marineros. Sin embargo, la caída de la bola era difícil de ver desde el fiordo debido a la presencia habitual de niebla, por lo que este método dejó de utilizarse. 

A pocos metros de esta torre se alza el Monumento Nacional de Escocia, construido a finales del siglo XIX para homenajear a los soldados caídos durante las guerras napoleónicas. 

La idea era hacer una réplica del Partenón de Atenas, pero el presupuesto destinado a la obra se acabó (se dice que buena parte de él se gastó en whisky) y el proyecto terminó por abandonarse. Solo se construyó un “trocito” de Partenón. 

En un principio, los ciudadanos lo llamaron “la vergüenza de Edimburgo”, pero hoy, con sus doce columnas, es un monumento muy apreciado y uno de los más icónicos de la ciudad.

Además del castillo y Calton Hill, entre las visitas imprescindibles recomendadas por Jacobo García-Manzano, de “Viajar por Escocia”, está el Museo Nacional, que exhibe colecciones de naturaleza, ciencia y cultura y que alberga a la famosa oveja Dolly disecada. Dolly fue el primer mamífero clonado del mundo.

El palacio de Holyrood.

Asimismo, Edimburgo tiene una gran pinacoteca, la Galería Nacional de Escocia, con obras de grandes maestros de la pintura como Rubens, Rembrandt, Tiziano, Velázquez, El Greco o Monet. Está ubicada junto a los jardines de Princes Street y la entrada es gratuita.

Otro museo característico de Edimburgo es el de los escritores, dedicado a la vida y obra de tres grandes literatos escoceses: Sir Walter Scott, Robert Burns y Robert Louis Stevenson. 

La huella de Scott está muy presente en la ciudad. Hay un gran monumento en Princes Street en honor del autor de “Ivanhoe” e, incluso, la estación principal de Edimburgo lleva el nombre de una de sus novelas, Waverley.

Robert Burns es uno de los poetas más queridos por los escoceses. Conocido también como el bardo de Ayrshire, vivió en el siglo XVIII y escribió sobre la cultura y las tradiciones de su tierra. 

Su poema más famoso es “Auld Lang Syne”, que se canta en fin de año en los países de habla inglesa. En las cercanías de Calton Hill se recuerda a Burns con un monumento inspirado en la linterna de Lisícrates.

Robert Louis Stevenson, autor de “La isla del tesoro”, es uno de los escritores escoceses más famosos en todo el mundo. Nació en Edimburgo en 1850 y allí vivió durante su juventud hasta que tuvo que viajar en busca de climas más benignos para su delicada salud. 

La imaginación al poder

Una de sus obras más consolidadas es “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde” que cuenta la historia de un prestigioso médico que por la noche se transforma en un villano capaz de cualquier bajeza. 

Al parecer, Stevenson encontró la inspiración para este libro en un personaje de su Edimburgo natal. Se trata de William Brodie, más conocido como Deacon Brodie, por ser el presidente de uno de los gremios de artesanos de la ciudad. 

Era un conocido ebanista que, debido a su profesión, tenía acceso a las casas de familias adineradas. Esto le dio la oportunidad de hacer copias de las llaves para poder volver por las noches a robar. 

Por sus robos en viviendas, establecimientos e incluso en la Universidad de Edimburgo fue detenido, juzgado y finalmente ahorcado ante una multitud de 40,000 personas. En la Royal Mile hay una taberna que recuerda a este singular personaje, la Deacon Brodie’s Tavern.

No muy lejos de allí, en la calle George IV Bridge, está The elephant house, la cafetería en la que J. K. Rowling escribió la primera de las novelas de Harry Potter. 

Los aseos del local han servido de lienzo a los fans del popular mago. Tanto, que sus paredes, techos, puertas y espejos están repletos de frases y dedicatorias referentes al universo de Harry Potter.

Pero no se puede terminar un recorrido por el Edimburgo literario sin recordar al padre de Sherlock Holmes. 

Arthur Conan Doyle nació en Edimburgo y estudió Medicina en la universidad de la capital escocesa. Uno de sus profesores, Joseph Bell, le sirvió de inspiración para crear al famoso detective. Este prestigioso médico destacaba por su gran capacidad de observación y deducción e incluso llegó a colaborar con la policía.

Edimburgo ha sido el hogar de grandes escritores a lo largo de los siglos. De hecho, en 2004 fue la primera ciudad de la literatura de la Unesco. Hoy, en esta red de ciudades literarias hay otras urbes como Melbourne (Australia), Dublín (Irlanda), Granada (España), Praga (República Checa) o Montevideo (Uruguay). 

En Edimburgo se han escrito grandes novelas y también proliferan las leyendas de todo tipo. Con su imponente castillo, sus sombríos cementerios y lugares tan evocadores como la abadía en ruinas de Holyrood, la capital escocesa es el lugar ideal para dejar volar la imaginación.