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¡Nos lo vamos a pasar... PIRATA! Este es el espíritu con el que hordas ingentes acudirán a los cines para fagocitar las aventuras en 3D de la cuarta entrega de Piratas del Caribe. Aviso para navegantes: puede que salgan más que decepcionados, porque el naufragio de Depp, Cruz y compañía es, simplemente, descomunal.

Lo peor que se puede decir de un producto que tiene como noble y único fin entretener, es que el respetable acabe mirando más el reloj que la pantalla. ‘Piratas del Caribe 4’ logra eso y mucho más. La película dura dos horas pero se hace tan eterna como la juventud que otorga la fuente que buscan sus protagonistas. Y eso sin exagerar.

El objetivo de Disney era reiniciar la franquicia y devolverla a sus orígenes aprovechando la salida de dos de sus protagonistas -Orlando Bloom y Keira Knightley- y del cambio de director -Rob Marshall sustituye a Gore Verbinski-. Fiasco total.

Esta cuarta aventura se acerca mucho al despropósito que supuso la tercera película de la saga. Incluso la supera en tedio y falta de ritmo narrativo quedando a años luz de la primera entrega, un correctísimo ejercicio de cine de aventuras sin pretensiones que además sirvió para recuperar un género en desuso.

Más que ‘En mareas misteriosas’, la saga se mueve a la deriva en aguas más aburridas que Benidorm en febrero. Algunos tramos centrales de la cinta de Marshall poseen una capacidad somnífera que para sí quisieran los discos de Enya.

Por no hablar de la historia de amor entre un clérigo y una sirena. Un affaire que pasa de curioso a bochornoso.

¿Pero no era una película de aventuras y acción familiar “en increíble 3D”? Mueca ojiplática a lo Jack Sparrow como respuesta.

Incluso, él está en plan coñazo. No me malinterpreten. Depp le pone todo el empeño -como buen profesional que es- y no ahorra en aspavientos, contracciones faciales y demás arabescos corporales. Pero no está ni bien ubicado argumentalmente ni bien acompañado por sus compañeros de reparto.

En este punto hay que reconocer lo que, como diría aquel, se veía venir: la química en pantalla entre Johnny Depp y Penélope Cruz se asemeja mucho a la que podrían conseguir una mecedora y un tomate.

Si después de sufrir ‘The Tourist’ creíamos que Depp no encontraría a ninguna actriz con quien se llevara tan mal en pantalla como Angelina Jolie, Penélope Cruz se empeña en hacer buena la máxima de que ‘a todo hay quien gane’. En esta disciplina la de Alcobendas supera a la señora -o algo parecido- de Pitt con creces.

Otra ‘medallita’ en su carrera hollywoodiense. O puede que el problema sea de él. Quién sabe.

Es más... ¿a quién le importa? Y es que por mucho que despotriquemos y hagamos un riguroso inventario de sus taras, ‘Piratas del Caribe 4’ será el taquillazo de la semana y una de las cintas más vistas del año.

A Pe le “rompe el corazón” la situación y protestas de los jóvenes españoles. A nosotros nos pasa lo mismo con su interpretación... nos deja cuerpo de revolución. “¡Que devuelva el Oscar!”, clamarán algunos golpeando sus cacerolas. “No es para tanto”, responderán otros argumentando -no sin razón- que antes debería devolverlo Sandra Bullock.

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