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Sin lugar a dudas, uno de los cuadros más admirados y que más leyendas ha generado a su alrededor es el de La Gioconda (Mona Lisa), de Leonardo Da Vinci. Se calcula que fue pintado entre los años 1503 y 1506. Mucho se ha especulado sobre la identidad de la modelo que inspiró a Da Vinci.

Varias son las mujeres que, a lo largo de los años, han sido señaladas como posibles amantes del pintor de origen florentino, pero las hipótesis han llegado mucho más allá. Ilustres investigadores de la obra de Da Vinci especulan con la posibilidad de que La Gioconda en realidad se trate de un autorretrato del propio pintor que le añadió cuerpo de mujer o incluso como modelo pudo usar a alguno de sus jóvenes aprendices.

Las investigaciones realizadas por Guiseppe Pallanti dieron frutos y todo apuntaba a aclarar cuál era realmente la identidad de la modelo. Se trataba de Lisa Gherardini, una noble florentina que contrajo matrimonio en 1495 con el rico mercader Francesco di Bartolomeo del Giocondo.

Lisa Gherardini pasó a adoptar el apellido de su esposo y, por lo tanto, a llamarse Lisa del Giocondo, más conocida como La Gioconda.

Algunos documentos apuntan a que Piero Da Vinci, padre del pintor, había realizado contactos con el señor di Bartomeo, por lo que el nexo entre ambas familias existía y con ella la posibilidad de que Leonardo pintase la Mona Lisa inspirándose en la esposa del mercader.  Mona es -la apócope de la palabra Madonna (señora).

Tras enviudar de Francesco di Bartolomeo, Lisa tuvo que ingresar  en el convento de Santa Úrsula (Florencia), donde residía su hija Lucía, que era monja.

Guiseppe Pallanti está volcando todo su empeño en excavar y encontrar la tumba de Lisa Gherardini y así demostrar que fue la fuente de inspiración del maestro Da Vinci. El problema está en que el convento donde fue enterrada está derruido y es prácticamente imposible encontrar los restos.