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Tenía sus ojitos cerrados y manos juntitas, en su rostro dibujada una sonrisa. Parecía que dormía profundamente. Si fuera así, seguramente estaría maquinando en sus sueños qué artista colgaría sus cuadros en su templo del arte. Desafortunadamente el vidrio del ataúd donde reposa su cuerpo, ahora inerte, te ubica en la realidad.

Josefina del Socorro Guillén García, de 70 años, quien por más de cuatro décadas promovió las artes plásticas nicaragüenses, ya había abandonado este mundo. Después de permanecer por más de un mes y medio internada en el Hospital Salud Integral, operada de una arteria del corazón y luchando por su vida, se rindió a la muerte la madrugada de ayer a las 2:50 am.

Según sus sobrinas Martha Guillén, Linda Aurora y Estefanía y su hermana Nidia de los Ángeles Guillén, quien la vio entrar tan llena de vida al hospital, no imaginaría ese desenlace. Hizo su entrada triunfal bien ataviada, con su estilo elegante y llamativo de vestir, cartera en mano y sonrisa a flor de piel. Me lo cuentan y me parece estarla viendo.

“Fue su voluntad someterse a esa operación para mejorar su calidad de vida y prolongar su labor como promotora de los artistas de la plástica nicaragüense”, comentaron sus sobrinas, quienes aun abatidas, no dejaban de sonreír al recordarla con su personalidad tan activa, platicona… y aquellas anécdotas pícaras que ahora vivirán en la memoria de quienes la conocieron. Se resignan ante el consuelo de que murió feliz, haciendo siempre su voluntad, lo que ella quería.

Aun después de la muerte, se sigue haciendo. La fundadora de Galería Josefina será velada hasta mañana domingo a las 3:30 p.m. en Funeraria Monte de los Olivos. Sus restos serán cremados y esparcidas las cenizas en el mar del balneario Pochomil, ese destino que tanto le gustaba visitar, aunque siempre decía que prefería el Pochomil de sus tiempos que era más accesible al público, no el de hoy, que cobraba por todo. Pero su voluntad tenía un concepto más filosófico “Libérenme de todo”, dijo, según su sobrina Martha Guillén.

Aunque no tuvo hijos, dejó huérfanos los muchos proyectos que rondaban en su mente.

Juanita Bermúdez, quien compartiera hace algunos meses junto a ella, la dicha de ser homenajeada en vida y condecorada con la “Medalla a la Excelencia Artística 2011”, por el Instituto Nicaragüense de Cultura, lamentó su muerte por su arduo trabajo.

La fundadora de Galería Códice, recordó los inicios de Guillén en el mundo de la plástica nicaragüense, que atribuye a la amistad que desarrolló con los protagonistas desde su puesto de secretaria en un trabajo. A su jefe la gustaba comprar cuadros y ella era el vínculo. Fue así como incursionó en el mundo de la plástica. En los 80 ya tenía su propia galería y para la revolución trabajó activamente con la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura.

Ella la recuerda con gran cariño “jovial, divertida, ocurrente… muy particular… decía lo que pensaba… era muy abierta y franca. Hizo una excelente labor de promoción a la cultura.

Su legado
“Promotora incansable de los artistas nicaragüenses a través de la Unión Nicaragüense de Artistas Plásticos de la ASTC, por su labor de amistad, solidaridad y alegría en la primera etapa de la Revolución, por su trabajo permanente al frente de Galería Josefina y por su visión de la promoción del arte nicaragüense en la región Centroamericana”, es la dedicatoria textual plasmada en el diploma de reconocimiento que le entregó el Director de Cultura, en ese entonces, Luis Morales Alonso, que resume fielmente su legado al arte y a la plástica nicaragüense y que ella recibió con beneplácito y mucha satisfacción, como manifestó en entrevista a END.