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Los restos del cantautor argentino Facundo Cabral, asesinado el sábado en Guatemala a los 74 años, recibieron ayer el último adiós en una ceremonia íntima y familiar, celebrada en un cementerio en las afueras de Buenos Aires.

La ceremonia, a la que seguirá la cremación de sus restos, en cumplimiento de la voluntad del artista, fue encabezada por la viuda de Cabral, la venezolana Silvia Pousa, en la parroquia del cementerio Jardín de Paz, en la periferia de la capital argentina.

Los restos del cantante y poeta fueron trasladados hasta el cementerio desde el teatro ND Ateneo de Buenos Aires, donde fueron velados por miles de personas.

Varias decenas de seguidores del cantautor presenciaron el momento en el que el féretro era introducido en el coche fúnebre, al que despidieron entonando entre sollozos, la canción más popular de Cabral: “No soy de aquí, ni soy de allá”.

Entre los que se acercaron a despedir a Cabral estuvo su colega y amigo Piero, quien lamentó el fallecimiento de quien “había sorteado tantas veces la muerte” y recordó que el trovador había superado en dos ocasiones un cáncer.

“Creo que tuvo una muerte cercana a la que hubiera deseado. No lo imagino pasando sus últimos días en el hospital, sin poder moverse. Él no le tenía miedo a la muerte, pero sí a la decrepitud”, comentó a su vez el productor Jorge Mazzini, quien había dirigido los últimos conciertos de Cabral en Argentina.  “Le fue concebida la posibilidad de evitar lo que imaginaba como un final infeliz”, puntualizó.

Al despedir a su ídolo, los fanáticos de Cabral recordaron que, como en una premonición, el artista se había referido a su muerte en aquel último concierto que ofreció en Buenos Aires el pasado 7 de mayo.

“Si esta es la última vez que subo al escenario, pinten el cajón de rojo y celebren porque mi vida fue una fiesta”, había afirmado entonces Cabral.

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