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La noche prometía emoción, romance y armonía de esas que logran que el corazón se detenga por segundos en un suspiro. Y es que sin duda ‘el piano de América’, como ha sido denominado el exitoso pianista argentino Raúl di Blasio, logra con la magia de sus manos, alcanzar ese éxtasis y fue así como el público, engalanado para este encuentro en el Centro de Convenciones del Hotel Crowne Plaza, se entregó para volar en este viaje musical.

La fórmula di Blasio, piano y fanáticos fueron los protagonistas de la velada del pasado miércoles, aunque la antesala estuvo a cargo de la panameña Ingrid De Ycaza, quien con fina y tersa voz entregó a los nicaragüenses cinco hermosas baladas a los asistentes, al lado de la percusión de María José Ocarina y las cuerdas que la guitarra de Andrés Sánchez armonizaron.

Entrada la noche se apoderó del escenario el responsable de 18 discos grabados y cuatro compilaciones, el dueño y señor del piano, Raúl di Blasio. Sonoros fueron los aplausos entre la ansiosa multitud, entre los reflectores y aquel efusivo recibimiento acompañado de un fondo musical cargado de misterio y victoria.

Levantó sus manos, su piano en el centro del escenario le aguardaba paciente, más su batería de sus músicos con percusión, guitarras eléctricas y clásicas, acordeón y piano eléctrico. Sin nada que decir, hizo su primera interpretación.

Al finalizar de su entrada musical comentó, con una hermosa rosa roja en mano, que su compañía disquera cuando le da números de ventas  de sus discos a nivel latinoamericano, siempre resulta que Nicaragua es donde más los compran. Los aplausos enseguida denotaron orgullo. “Buenas noches Nicaragua, quiero agradecer que hayan venido esta noche y quiero retribuirles ese cariño, así que espero que disfruten mucho este concierto… y pidan, ¿qué quieren escuchar?”, preguntó. No había terminado de hacer la pregunta cuando del público, en todo el salón, se escuchaban las solicitudes para complacer.
De ahí arrancaron más y más tonadas, entonces notamos la pasión del artista, su entrega, su intensidad… el silencio era sepulcral, todos los allí presentes estaban como en una especie de hipnosis colectiva por cada nota que suave y lentamente elevaba su intensidad, que a la vez transmitía casi o exactamente la misma emoción que el artista argentino deseaba compartir.

Al final de la noche el público expresó su satisfacción, su enorme regocijo, que aunque al inicio de la noche quiso ser perturbada por problemas de audio, todo salió a pedir de boca. El arma letal fue ese piano, esas manos y esa entrega. Premier Producciones con el patrocinio de EL NUEVO DIARIO, sin duda, lograron su cometido.