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El telón abrió a las 7:30 pm, media hora más tarde de lo anunciado, sin embargo, la gracia y simpatía de los pequeños aprendices balletistas, despuntando la velada, llenó de júbilo al público, la mayoría orgullosos padres que pagaron por ver debutar sobre las tablas del escenario a sus retoños.

Esa simpática apertura dejó a todos con buen sabor y ganas de más, creando la atmósfera perfecta  para lo que seguía: un homenaje a la maestra Alcira Alonso, una de las principales protagonistas de la historia de la danza clásica a nivel nacional y latinoamericano.

Ilustres funcionarios de cultura hicieron un extenso y detallado recorrido por la historia del ballet, de la cual forma parte la agasajada, a quien le  entregaron reconocimientos por su labor artística ¡Muy merecidos por cierto!
La proyección de un documental, con la calidad de un video casero, complementó el homenaje, prolongando aún más la salida de las compañías internacionales que se dieron cita durante la IX Gala Internacional de Ballet realizada la noche del viernes en la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío.

Al fin salió a escena la Compañía de Ballet de El Salvador con la colaboración de alumnos de la Escuela Nacional de Ballet de Nicaragua. Le siguieron los delegados del Ballet Nacional de Panamá, Ballet Alina Abreu de República Dominicana, la Compañía de Ballet de Nicaragua y la de México.

Si ignoramos las fallas de audio, lo extensas y cansadas intervenciones del inicio, el irrespeto de algunas personas del público que se negaron a apagar sus celulares durante la gala interrumpiendo la concentración del resto a cada llamada contestada y la ignorancia de otros que iluminaban la sala a cada flashazo disparado con sus cámaras, entonces podríamos decir que la gala fue un éxito.

Es increíble que en un espectáculo de tal envergadura se haya visto opacado por pequeños detalles producto de la poca cultura de teatro.

Respecto a las obras, solo hay elogios. Ver a los bailarines desplazarse como plumas por el escenario con una impecable destreza fue impresionante, cada quien con una propuesta diferente dignas de ¡wow!, que el público que asistió con grandes expectativas, disfrutó y correspondió con aplausos y ovaciones.

Se podría decir que los delegados panameños fueron las estrellas de la gala; sin embargo, cada propuesta compitió por los aplausos, brillando con luz propia sobre el escenario.

De los representantes nacionales con sinceridad y orgullo puedo decir que estuvieron a la par de las representaciones internacionales, mostrando calidad. Una espectacular puesta en escena de Don Quijote, a cargo de la Compañía Ballet de Nicaragua, los anfitriones de la velada, quienes cerraron con broche de oro.