• Neurólogo-Psiquiatra |
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La rebeldía durante la adolescencia se considera un comportamiento hasta cierto punto normal, se extiende también hacia los padres, cuando esta conducta es muy persistente y hay alto grado de agresividad es preciso que se aborde seriamente.

Al adolescente le preocupan una infinidad de cosas, como el molesto acné, peso corporal, llegada de la menstruación, sexualidad, presión escolar, aburrimiento, “sermones de los padres” y problemas financieros. Además es común que el joven luche por ser independiente y resienta la protección excesiva de los padres, situación que normalmente deriva en discusiones.

Hay que prestar atención al tipo de comunicación que uno tiene con sus hijos. Si los padres tienden a ser violentos o expresar sus emociones impulsivamente, los niños aprenden a ser como ellos y no es de sorprenderse que cuando lleguen a la adolescencia actúen de la forma que aprendieron de pequeños, por ello cuando entre padres y adolescentes las riñas son constantes y con altas dosis de violencia es muy probable que ello responda al tipo de comunicación que se instauró en la familia desde hace mucho tiempo.

Otro motivo de conflicto entre padres y adolescentes son los papás que no desean que sus hijos crezcan, piensan que siempre serán sus pequeños y tratan de imponer su voluntad acerca de la ropa que tienen que vestir, el tipo de música que tienen que escuchar, las horas de estudio y de descanso. El adolescente quiere ser libre y tomar sus propias decisiones.

¿Tú eres este tipo de padre?
Padre Autoritario: Es un padre muy demandante y poco responsable, lo que significa que le exige al hijo que obedezca ciegamente sin cuestionar la orden que está dando, pero es poco comprometido con las necesidades del hijo. Dicho comportamiento desalienta el desarrollo emocional del muchacho, ya que de alguna manera le da a entender que su opinión no cuenta.

Padre Permisivo: Este tipo de padres tiene la virtud de considerar las necesidades afectivas de sus hijos, sin embargo, no exige nada y es muy temeroso, al grado de dejar hacer siempre a los hijos lo que desean por temor a tener conflicto con ellos, incluso puede llegar a tolerar que le griten.

Padre Negligente: Es aquel que se desentiende de su hijo, no ejerce ninguna autoridad y lo deja hacer lo que le viene en gana, el mensaje es “haz lo que quieras a mi no me importa”, lo cual ocasiona que el joven se sienta desvalorizado.

En cualquiera de los casos citados anteriormente es frecuente que se críen hijos con baja autoestima, escasa confianza, temor, mal humor, agresividad, y, muchas veces, para aliviar el malestar en que viven son propensos a consumir drogas, vivir su sexualidad en forma irresponsable y fracasar escolarmente.

Lo más importante sería ser un padre democrático, cuya actitud es cariñosa, firme, no impone las reglas, sino que sugiere y hace entender al hijo por qué se establecen, en este caso el niño se siente respetado, pues no hay arbitrariedad sino acuerdos.

Cuando el padre es predominantemente autoritario, permisivo o negligente, el adolescente no se queda con los brazos cruzados y exige atención y libertad, ante lo cual el progenitor no acepta que su hijo ya tiene esa capacidad para tomar ciertas decisiones.

En la medida que los hijos van creciendo se va originando un cierto distanciamiento y hostilidad en la relación, pues conforme pasan los años el padre se vuelve demandante y enfoca su atención hacia los estudios y actividades deportivas en las que participa el adolescente, pero en lo que se refiere a su desarrollo emocional se mantiene al margen, pues se interesa menos en lo que el menor vive. No se puede generalizar y afirmar que todos los padres actúan de la misma manera, algunos sí saben cuidar de sus hijos a esta edad.

Una de las cosa que más conflicto puede traer en la relación entre padres e hijos es que este sea regañado frente a sus amigos y considere que no tiene la atención adecuada de los padres, es posible que desarrolle una conducta violenta, sufra depresión, su autoestima disminuya y los estudios dejen de importarle. Es importante que los padres resuelvan esta situación con el joven y lleguen a acuerdos precisos de lo contrario puede dedicarse al consumo de bebidas alcohólicas y drogas, pero lo más grave es que considere el suicidio como una opción para desquitarse del progenitor que lo ha humillado, pues como no puede exterminarlo prefiere acabar con su propia vida.

Trastorno de déficit de atención en adolescentes puede causar agresividad

Hay cantidad de jóvenes que sufren de trastorno de déficit de atención con hiperactividad que nunca han sido diagnosticados; que son víctimas de constantes reproches y experimentan por ello profundo malestar, ya que les cuesta mucho hacer las cosas como otros chicos y dan continuos disgustos a la familia. Se siente una calamidad y, aunque lo intenta, no logra poner remedio a sus fracasos.

Además, la falta de atención a este trastorno de la conducta puede originar problemas todavía más severos: niños y jóvenes hiperactivos tienen la cualidad de ignorar la autoridad sin poder controlar su impulsividad, y si los padres intentan corregirlos con regaños o chantajes solo obtendrán resultados contraproducentes, pues aunque el chico tenga el deseo de cambiar, la imposibilidad de modificar su conducta tiene como consecuencia baja autoestima y frustración.

Los padres deben comprender que este tipo de padecimiento conductual no debe su origen a fallas en la educación que han impartido, y en cambio deberán tomar conciencia de que el problema debe ser atendido por un psiquiatra. Además, ayudarán a su hijo a comprender que el trastorno de déficit de atención requiere especial atención, ya que puede causarle problemas en su rendimiento escolar, sentimientos de inferioridad si se compara continuamente con los otros compañeros de su misma edad y hacerle perder el control en algunas situaciones, llevándole a decir cosas o realizar actos violentos con graves consecuencias.

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Dr. Francisco Javier Martínez Dearreaza
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