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Neurólogo-Psiquiatra.

Seguramente alguna vez te has dicho que sería mejor dormir menos para aprovechar la vida y el tiempo, y que realmente necesitarías dormir solo cinco o seis horas por noche. Bien, la gente que duerme poco durante la noche, durante el día tiende a quedarse dormido cuando realiza alguna actividad. Pero las implicaciones sobre nuestro cuerpo y sobre el cerebro son mucho mayores.

Los estudios han demostrado que pocos recibimos durante la infancia la necesaria cantidad de sueño que el cerebro y cuerpo necesitan para restaurarse en sus funciones plenas para enfrentar el día. Y muchos (niños, adolescentes y adultos) podemos pagar un alto precio por no dormir lo suficiente.

Durante el sueño suceden funciones cruciales en el cerebro que no pueden ser reproducidas cuando estamos despiertos. Pero no solo la destreza intelectual puede sufrir, a pesar de que faltan datos definitivos, la falta de sueño crónica ha sido relacionada con serias enfermedades físicas, incluyendo enfermedades del corazón, diabetes y obesidad.

Según la edad existen distintas necesidades de sueño

Desde la infancia a la adultez hay cambios marcados en la necesidad de cuánto se debe dormir cada día, en la cantidad de tiempo que se debe emplear en cada etapa y en facilidad con que cada uno se queda y permanece dormido, un factor que los científicos llaman eficiencia para dormir.

Los recién nacidos duermen de 16 a 18 horas por día, sin embargo, raramente lo hacen en períodos mayores de cuatro horas. Se despiertan para ser alimentados y cambiados, luego vuelven a dormirse.

Alrededor de los tres meses ya los bebés comienzan a responder a un ritmo cotidiano de día y noche. Los niños de un año duermen de 10 a 12 horas por noche y una siesta de 3 a 5 horas por día.

A medida que se avanza en la edad la necesidad de horas de sueño disminuye, los pre-escolares necesitan de 10 a 12 horas. Pero a los 6 años surge la tendencia a ser madrugador o noctámbulo. Esta última fase lleva a problemas durante el período escolar, cuando los niños tienen que despertarse más temprano de lo que el reloj biológico indica.

Diferentes estudios están señalando que los niños desde la primera infancia hasta sexto grado no llegan a tener ni siquiera el mínimo de las horas recomendadas de sueño.

El problema se agudiza en la adolescencia. Cuando entran en la pubertad, suceden dos cosas que hacen problemático lograr que duerman lo suficiente: se necesita dormir más horas que en la pre-pubertad, no menos de 9 a 10 horas por noche, y a la vez el reloj biológico marca una hora más tarde para ir a dormir, consecuentemente, un despertar más tardío.

Muy pocos adolescentes duermen la cantidad de horas que necesitan, se quedan hasta tarde viendo la televisión, en internet, chateando con los amigos o se van de parranda, por lo general descansan entre una o tres de la madrugada.

Dormir de forma insuficiente durante la adolescencia ha sido asociado con el aumento de riesgo de problemas disciplinarios, adormecimiento en clase y concentración pobre, ya no se diga la asociación que tiene la falta de sueño con accidentes de tránsito.

Los efectos dañinos sobre la salud en los adultos han sido asociados con dormir demasiado poco o dormir mucho. Los estudios sugieren que los adultos que duermen de siete a ocho horas por noche son los más sanos.

Alrededor del tercio se encuentra en ese rango. Más de un tercio duerme menos de siete horas y casi un tercio duerme más de ocho. Un estudio de seis años con más de un millón de adultos entre 30 y 102 años, realizado por los investigadores de la Universidad de California, San Diego, y de la American Cancer Society encontraron la tasa más alta de mortalidad entre aquellos que dormían menos de cuatro horas o más de ocho por noche.

Las tasas de muerte más bajas se dieron entre los que dormían un promedio de seis a siete horas. Los estudios encontraron que la gente que duerme menos y la que duerme más, es la que tiene más probabilidades de tener presión alta, síntomas de depresión o enfermedad cardiaca. La falta de sueño también puede inhibir la habilidad del cuerpo para producir insulina y aumenta el riesgo de diabetes.

A pesar de que parece contradictorio (más tiempo fuera de la cama se debería consumir más calorías) la gente que duerme menos tiende a pesar más. Los investigadores que estudiaron a 990 empleados adultos en la zona rural de Iowa, encontraron que cuando menos dormían durante la semana hábil, mayor índice de masa corporal tenían.

Falta de sueño y toma de decisiones   

La falta de sueño podría llevar a pensamientos demasiado optimistas que no logran considerar adecuadamente las consecuencias potenciales de los riesgos financieros, según sugiere un estudio reciente.

Investigadores de la universidad de Duke evaluaron a 29 voluntarios adultos sanos con una edad media de 22 años para aprender cómo la falta de sueño puede afectar a la toma de decisiones. En la investigación los sujetos tenían que tomar decisiones sobre temas económicos dos veces.

1-Una a las 8 de la mañana después de una noche de sueño.

2-Otra a las 6 de la mañana después de una noche sin dormir.

Los sujetos privados de sueño en el estudio tendían a tomar decisiones que se basaban  más en las ganancias monetarias que en la evaluación de las pérdidas, aunque no sucedió en todos los sujetos sí en la mayoría.

La falta de sueño adecuado perjudica a nuestra capacidad de tomar decisiones, anteriores estudios hacían hincapié en los efectos de la falta de sueño sobre la atención y la memoria. Este estudio es pionero en relacionar privación de sueño y aumento de la sensibilidad a la recompensa positiva, y disminución de la sensibilidad a las consecuencias negativas.

El profesor Michael Chee, coautor principal del estudio afirmó que existen evidencias empíricas de que largas horas de trabajo para los médicos residentes llevan a un mayor número de accidentes médicos.

El doctor Schott Huattel, otro de los coautores del estudio comentó que los casinos suelen tomar medidas para alentar la búsqueda del comportamiento de riesgo.

Proporcionan luces, sonidos llamativos, alcohol gratis y convierten el dinero en abstracciones como fichas o créditos electrónicos.

Los jugadores de última hora (que llevan horas de privación de sueño) no solo están jugando contra la dificultad añadida de ganar en cualquier juego de azar; se están dejando llevar por la tendencia del cerebro privado de sueño en buscar ganancias.

Esta búsqueda de ganancias se hace evaluando fundamentalmente lo positivo y no prestando atención a los posibles resultados negativos de la decisión (las pérdidas que se pueden dar al jugar).

Combatir la fatiga y mejorar el estado de alerta pueden ser insuficientes para mejorar la capacidad de decisión.

Seguro que la falta de sueño hace que apostar sea aún más tentador para muchas personas y aún más para los dueños de los casinos.

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Dr. Francisco Javier Martínez Dearreaza.

Universitá degli Studi di Pavia-Italia.

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