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Imaginemos un momento en el futuro cercano (año 2020) en el cual los seguidores del boxeo se han aburrido de ver a dos seres humanos peleando sobre un cuadrilátero. Es un tiempo en el que la necesidad social de ver violencia y crueldad es mayor de la que cualquier deportista mortal podría brindar –y afrontar–. Es un mundo en el cual el boxeo ha evolucionado y ya no son los hombres los que compiten entre sí; ahora los robots han reemplazado a los pugilistas. La habilidad y la gracia de los campeones es cosa del pasado.

En su lugar, los fanáticos desean ver mega combates mortales y la completa destrucción de los oponentes.

El director de Gigantes de Acero, Shawn Levy, experimentó la historia como un cuento de redención de tres almas perdidas y olvidadas. “Los personajes centrales –un padre, su hijo y una máquina– son, cada uno a su modo, seres abandonados”, comenta. “Los tres han sido desechados y olvidados. La materia central del relato es cómo este trío encuentra la posibilidad de volver a tener una vida mejor”.

Ya en materia
El personaje de Hugh Jackman, Charlie Kenton, fue en su juventud un boxeador de peso pesado pero se ha convertido en una suerte de reliquia. Levy explica: “Lo que es aún peor es que Charlie ahora debe ganarse la vida con esas mismas máquinas que le quitaron el trabajo. Por eso tiene una combinación de necesidad y resentimiento hacia los robots que intenta promover en las peleas”.

Cuando Charlie se reúne a regañadientes con Max, el hijo al que dejó de ver hace años, queda claro que lo único que ambos tienen en común en ese momento es el resentimiento mutuo. A pesar de ello, ambos comparten un mismo interés –el boxeo entre robots– y paso a paso, trabajosamente, comienzan a conectar. Al comienzo no es una relación muy profunda la que surge pero, cuando descubren un viejo robot abandonado en un depósito de chatarra, los dos inician un viaje de redescubrimiento.

Detalles más allá de lo que verán
Gigantes de Acero se basa en parte del relato “Steel”, escrito por el legendario maestro de la ciencia ficción Richard Matheson, que fue adaptado para un episodio de la célebre serie “La dimensión desconocida” protagonizada por Lee Marvin en 1963. La prolífica carrera de Matheson abarca más de 50 años y muchas de sus populares novelas, entre ellas “I Am Legend”, “Hell House”, “Somewhere in Time” y  “What Dreams May Come”, han sido adaptadas y convertidas en largometrajes. Matheson ingresó al Hall de la Fama de la Ciencia Ficción en 2010.

El productor ejecutivo Steven Spielberg tuvo mucho que ver en el diseño de los robots y le confió al director desde una etapa inicial que él no quería crearlos de forma digital, pese a que actualmente la tecnología como para hacerlo existe y estaba disponible. “En el mundo digital, el elenco actúa ante ‘la nada’. Cuando hay una representación física, por el contrario, el actor puede interactuar con ella, tocarla, mirarla a los ojos. Allí es cuando la actuación florece. Es bueno para los actores tener algo ‘real’ enfrente; algo tangible con lo cual interactuar en un espacio determinado. Ese fue el único consejo que le di a Shawn: si tienes la oportunidad, construye estos robots a escala real”.

En el film, los robots son operados por humanos, con controles remotos de alta tecnología y paneles de control, pero todos son personajes muy especiales

El director Shawn Levy rinde honor a quien lo merece y señala que para la extraordinaria tecnología empleada en Gigantes de acero, junto con su equipo encargado de los efectos especiales “tomaron prestadas numerosas páginas de la tecnología que James Cameron desarrolló para la película Avatar”. La apariencia del mundo en la película es excepcional, en términos del diseño de producción. El encargado de dicha área, Tom Meyer (Orphan, Jonah Hex) imaginó el futuro cercano que se ve en el film bastante parecido a nuestro mundo de hoy, pero con un aspecto desgastado y una pátina añejada. El director llama a esta apariencia “retrofuturística”.

Acerca de la cinematografía
Levy destaca que el film “definitivamente no es una pieza de arte sino una película con escala cinematográfica que excede todo lo que se ha hecho previamente. En esta historia, el boxeo entre robots es un gran deporte y un enorme espectáculo –cuenta– pero además de eso, el film en sí mismo es extremadamente amplio y cinematográfico, con amplias vistas y locaciones. Es una especie de viaje por carretera a través del paisaje típico estadounidense”.