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Están vestidos de blanco y negro, sin embargo, poseen un colorido pleno. Sus entornos nos sugieren que en la paz han forjado sus vidas. La sencillez de sus gestos pluraliza la belleza de sus quehaceres cotidianos, en apariencia triviales. El silencio es quien los nombra, y en nuestro silencio reverente el que los acoge. Son personas llanas, en cuyos ojos amanece el día, con su lámpara a cuestas.

Las ha descubierto Francis Roudière en sus giras por La Libertad y Suchitoto. Con dos cámaras al hombro, se ha desplazado con la intención de revelarnos aquellos seres que --de acuerdo a su sentir-- se pueden rescatar del tiempo y del espacio. Y así, él ha penetrado en el mundo de la interioridad, tarea de artistas que conocen los vaivenes del claroscuro vivencial.

Francis Roudière es un fotógrafo aficionado. Diplomático de carrera, es embajador de Francia en El Salvador desde marzo de 2004. Apasionado por la fotografía desde sus años de colegio y universidad, ha participado en exposiciones colectivas y en la dirección de foto-clubes.

Su cariño por El Salvador y su gente, le ha animado a retomar sus viejas pero siempre fieles cámaras (una Nikon FE de finales de los setenta y una Rolleiflex 6x6 de 1956), a usar películas blanco y negro famosas como la Kodak Tri X y la Ilford HP5+, a hacer él mismo los revelados y las ampliaciones en papel fotográfico, para elaborar esta visión personal del país. La exposición inicia el sábado 12 y concluye el viernes 25 de abril, en horario de 2 a 6 de la tarde, de lunes a sábado, en la Alianza Francesa de Managua. La entrada es gratuita.