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LOS ÁNGELES / AP

Un detective privado de Hollywood fue hallado culpable el jueves de los cargos de chantaje y otros delitos, por desenterrar el pasado oscuro de algunos clientes adinerados para emplearlo en demandas, divorcios y disputas contractuales contra los ricos y famosos.

Anthony Pellicano, de 64 años, fue acusado de espiar telefónicamente a artistas como Sylvester Stallone, y de revisar los nombres de otros como Garry Shandling y Kevin Nealon, en las bases de datos de las autoridades, para ayudar a sus clientes en litigios legales y de otro tipo.

Pellicano fue hallado culpable de todos excepto uno de los 77 cargos que había en su contra. El detective miró al juez con los brazos cruzados, y no tuvo ninguna reacción cuando fue leído el veredicto.

“Nos basamos en las pruebas. Había muchas”, dijo Terri Winbrush, la presidenta del jurado, compuesto por 12 personas.

El jurado lo halló culpable de chantaje e intento de extorsión, así como de espionaje, fraude a través de cables, robo de identidad, confabulación para interceptar o el uso de comunicaciones alámbricas, y fabricar o poseer equipos de espionaje.

Fue absuelto de una acusación de acceso no autorizado a través de una computadora.

Asimismo, el jurado halló culpables a otros cuatro acusados de diversos cargos.

La acusación emitida contra Pellicano y sus asociados en febrero de 2006, provocó abundantes rumores en Hollywood sobre quiénes se verían manchados por la investigación, y sobre los secretos que podrían ser divulgados durante el proceso.

Sin embargo, personalidades poderosas relacionadas con Pellicano, como el afamado abogado de las estrellas Bert Fields; el jefe de los estudios Paramount, Brad Grey; y el ex súper agente Michael Ovitz, insistieron en afirmar que desconocían sus métodos y no enfrentaron acusaciones.

Pellicano fue el personaje central en este drama de la vida real, al presentarse como un tipo duro que valora la lealtad y la confidencialidad como virtudes necesarias en su profesión. Se representó a sí mismo sin la ayuda de un abogado, pero sólo presentó un testigo, y rara vez objetó a los fiscales.

El detective se negó a subir al estrado para defenderse a sí mismo, y cumplió su promesa de que no traicionaría la confianza de sus clientes.