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Es el protagonista de la sofisticación y cuenta con gran aprecio en las fechas y momentos especiales. Es además una filosa arma de belleza y seducción.

Pero remontándonos a su historia, según Wikipedia, el árbol de cacao (Theobroma cacao) “tiene sus orígenes en las tierras tropicales de América del Sur, de la cuenca del río Orinoco o el río Amazonas. Según un estudio de su materia genética, de allí fue dispersado al resto del mundo tropical americano”. La primera evidencia de su uso humano es del año 1100 a.c., en el sitio arqueológico de Puerto Escondido (noreste de la actual Honduras). Estudios más recientes (octubre de 2007), emprendidos por el equipo de arqueólogos dirigidos por John Henderson (Universidad de Cornell) y Rosemary Joyce (Universidad de California, Berkeley) lo ratifican, continúa la fuente.

El chocolate, para convertirse en la golosina tan anhelada en todo el mundo, ha pasado diferentes procesos. Al principio se le dio uso de cerveza. Se especula que el primer europeo en consumirlo pudo ser Cristóbal Colón, quien más tarde lo dio a conocer en España, y de esta manera, al mundo entero.

Pero su importancia no radica únicamente en su poder romántico o alimenticio; es muy apreciado por sus múltiples bondades aplicadas a los tratamientos de belleza, pues entre sus principales aportes al mundo de la cosmética, se cuenta que es un excelente hidratante y puede abonar al adelgazamiento si se aprovechan sus polifenoles.


Conquistó Europa
Pese a su procedencia latina, es Europa uno de los principales productores. Se mantiene una lucha por conservar la indiscutible calidad.

En España, dos destinos ubicados en Zaragoza mantienen la herencia de sus antepasados. El chocolate como materia prima es combinado con las frutas que nacen en su naturaleza. Nakoa y Lacasa son firmas dedicadas a esta labor. La primera se distingue por exportar un producto artesanal, que procura mantener la tradición del sabor español. La segunda se luce con variedades de lujo, pensadas para público de todos los gustos. Ambas pretenden cautivar a los turistas que las visitan, pues cuentan con envoltorios ideales para llevar como souvenir.

Cristina Pérez, encargada de calidad de Chocolates Nakoa nos explica en qué consisten:

Frutas de Aragón
Son consideradas las embajadoras de lujo de Aragón. Se elaboran a base de fruta confitada (pera, melocotón, manzana, sandía, cereza, naranja y calabaza blanca), recubiertas de una lámina crujiente de cobertura de chocolate negro con un contenido mínimo de cacao del 60%. Pensando en quienes por salud no consumen azúcar, tienen disponibles con azúcar propias de las frutas.


Guindas al Marrasquino.

“Nuestros antepasados del Bajo Aragón producían muchas guindas y cerezas; en esa época no tenían medios frigoríficos ni tecnológicos para la conservación de estos preciados frutos, y empezaron una tradición: conservaron las cerezas en tinajas de barro llenas de aguardientes caseros; así podían consumir cerezas o guindas varios meses después de su recolección”, explica Pérez.

Hoy esa tradición la han recogido y potenciado, macerando las cerezas en licor y recubriéndolas de chocolate, obteniendo un gran producto, artesano, exquisito, un placer difícil de resistirse.

Trufas surtidas
Los monjes del Monasterio de Piedra no pudieron imaginar que de ese primitivo chocolate que ellos hicieron por primera vez en Europa, hoy gracias a su mezcla con nata, se elaborarían deliciosas, cremosas y suaves trufas. Éstas se realizan con tres sabores distintos: avellana, café y Cointreau, a temperatura ambiente o heladas, siempre satisfacen como postre o regalo.