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Gumersindo Leoncio Sáenz Sáenz, tlahcuilo, escritor, crítico, pintor, poeta visionario del arte, falleció ayer a las 4:39 de la tarde. El artista parte de este mundo, y se despide para siempre de su linda Nicaragua y su natal Matagalpa.

Considerado como el “Padre del dibujo nicaragüense”, Gumersindo Sáenz recorrió una vida profesional muy agitada, puesto que este excelentísimo e impresionante sabio de la pintura y de las artes plásticas aplicaba la técnica del óleo sobre papel y madera, tinta, bolígrafo, murales y esculturas.

Sáenz dió a conocer su pintura en países tales como Nicaragua, Guatemala, México, Estado Unidos, España, Puerto Rico, Panamá, Honduras, Costa Rica, Perú, Brasil, Cuba, Unión Soviética y Bulgaria; todo bajo la visión de poder rescatar la cultura indigenista y también no dejando atrás la reivindicación de las leyendas nicaragüenses, tales como: La Carreta Nagua, El Padre sin Cabeza, El Cadejo, Los Duendes, La Chancha Bruja, La Llorona, entre otros.

El “Padre del dibujo” nicaragüense ganó diferentes premios: en 1981, el Certamen Nacional de Artes Plásticas; en 1983, Certamen Nacional de Artes Plásticas “Luchamos por la paz y la soberanía”, Premio en dibujo; 1984, Simposio de Pintura en Bovenzi. Primer premio en pintura Gabrovo, Bulgaria.

Con su filosofía de policromatismo ancestral de gran fuerza creadora, mística y viviente, pinta su último mural: “Muerte y Resurrección”, inaugurando una nueva forma de canto a la vida a través de la muerte, ubicado en la cripta de la familia Garzón, en el Cementerio Occidental de Managua. Con esa concepción rompe todos los esquemas del arte funerario de Nicaragua.