• |
  • |
  • END

Neurólogo-Psiquiatra

La palabra personalidad está estrechamente ligada con el latín medieval, en el cual se designaba como “Personalistas”. En el latín clásico sólo se usaba “Persona”. Todos los autores concuerdan en afirmar que el significado primitivo de esta palabra era máscara. Esta etimología es tal vez del agrado de los que prefieren definir la personalidad por el efecto exterior.

Lo importante es la apariencia, no la organización interior. Pero persona, incluso en tiempos antiguos, pasó a significar otras cosas, entre ellas el actor que la máscara ocultaba, es decir, el verdadero conjunto de cualidades internas y personales. También significó una persona importante.

Se empleó esta voz para designar a cada una de las tres personas de la Trinidad. La definición de Boccio en el siglo VI es quizá la más famosa: “Persona es una sustancia individual de naturaleza racional”.

Se define la personalidad a partir de rasgos, entendidos como “pautas duraderas de percibir, pensar y relacionarse con el ambiente y con uno mismo, y que se hacen patentes en un amplio margen de importantes contextos personales y sociales”. En otras palabras, esto quiere decir que la personalidad es todo aquello que identifica a la persona a lo largo de toda su vida.

Para que la forma de ser de una persona (personalidad) adquiera el carácter de convertirse en Trastorno de la Personalidad, debe poseer ciertas características: “En el caso de que los rasgos de personalidad sean inflexibles y desadaptativos, causen incapacitación social significativa, disfuncionalismo ocupacional y malestar subjetivo”, se habla entonces de Trastorno. Dicho en otras palabras, la persona manifestará sufrimiento personal, problemas laborales y/o sociales.

Fernando, un abogado de 50 años, se presentó a una consulta en busca de tratamiento por insistencia de su esposa. Ella está harta de su matrimonio: no puede tolerar por más tiempo su frialdad, su conducta intimidante, su desinterés por el sexo, su larga jornada de trabajo y sus frecuentes viajes de negocios. Fernando no se siente mal en su matrimonio y ha accedido a la consulta sólo por complacer a la esposa.

Sin embargo, en la entrevista, pronto descubrimos que el paciente tiene problemas en el trabajo. Es el miembro más activo en un bufete de abogados. Fue el socio fundador más joven, brillante estudiante y famoso entre sus compañeros por ser capaz de llevar varios casos al mismo tiempo. Últimamente se siente incapaz de mantener este ritmo. Es muy orgulloso para rechazar un nuevo caso y demasiado perfeccionista para sentirse satisfecho con el trabajo de sus asistentes.

Descontento con la forma en que redactan y estructuran los casos, pasa el día corrigiendo los escritos y, por lo tanto, es incapaz de estar al día con su trabajo. Sus compañeros de trabajo se quejan de su perfeccionismo, su atención a los más pequeños detalles y su incapacidad para delegar obligaciones. Ha tenido varias secretarias en un año, ninguna aguanta mucho tiempo con él porque critica demasiado los errores de los demás. Cuando se le asignan casos es incapaz de decidir cuál atiende primero; todos estos problemas en el trabajo lo han llevado a trabajar hasta 15 horas diariamente.


Sus hijos
Fernando habla de sus hijos como si fueran marionetas, aunque se nota un claro afecto hacia ellos. Describe a su esposa como una “compañera agradable” y no puede comprender el por qué está insatisfecha. Es muy cuidadoso en lo que se refiere a sus modales y a su forma de vestir; habla despacio y de forma ponderada; es seco, no tiene sentido del humor y muestra una determinación obstinada para conseguir la meta que se ha fijado.

Fernando ha sido una rata de biblioteca, torpe e impopular en sus ocupaciones sociales de adolescente. Siempre ha sido competitivo y ha obtenido objetivos muy altos. Tenía problemas para relajarse en vacaciones: desarrollaba programas de actividades para cada miembro de la familia y se enfadaba si ellos se negaban a realizarlos, adoptando una actitud furiosa e impaciente. Le gustaban los deportes pero tenía poco tiempo para practicarlos, y rehusaba jugar si no estaba en la mejor forma. Era un feroz competidor en basketball y un mal perdedor.

La característica esencial del trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad es una preocupación por el orden, el perfeccionismo y el control neutral e interpersonal, a expensas de la flexibilidad, la espontaneidad y la eficiencia. Este patrón empieza al principio de la edad adulta y se da en diversos contextos.

Las personas con trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad intentan mantener la sensación de control mediante una atención esmerada a las reglas, los detalles triviales, los protocolos, las listas, los horarios o las formalidades, hasta el punto de perder de vista el objetivo principal de la actividad.

Por ejemplo, cuando estas personas pierden una lista de las cosas que hay que hacer son capaces de invertir una gran cantidad de tiempo buscándola, en lugar de emplear unos minutos en volver a confeccionarla de memoria y ponerse a hacer las tareas de que se trate. El tiempo se distribuye mal y las tareas más importantes se dejan para el último minuto.

El perfeccionismo y los altos niveles de rendimiento que se auto imponen, causan a estos sujetos una difusión y un malestar significativos. Pueden estar tan interesados en llevar a cabo con absoluta perfección cualquier detalle de un proyecto, aunque éste no se acabe nunca.

Por ejemplo, se retrasa la finalización de un informe escrito debido al tiempo que se pierde en reescribirlo repetidas veces, hasta que todo queda prácticamente “perfecto”.

Los sujetos con trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad muestran una dedicación excesiva al trabajo y a la productividad, con exclusión de las actividades de ocio y las amistades; pueden ser demasiado tercos, escrupulosos e inflexibles en temas de moral, ética o valores. También son personas incapaces de tirar los objetos gastados o inútiles, incluso cuando no tiene valor sentimental; no les gusta tampoco delegar tareas o trabajos a otros.

Tienden a ser personas muy obstinadas, pretenden que todo se haga a su manera y que la gente se adapte a su forma de hacer las cosas. Tienden a ser tacaños y avaros, y llevar un nivel de vida muy inferior al que pueden permitirse debido a su creencia de que los gastos tienen que controlarse mucho para prevenir las quiebras económicas.

Los trastornos de la mente causan muchas dificultades en el ámbito familiar, social y laboral. Estos trastornos no se deben a debilidad o incapacidad de las personas. Lo que sucede es que el cerebro es un órgano de nuestro cuerpo y puede enfermarse en cualquier momento. Si usted, un miembro de su familia o un amigo llegasen a tener un problema mental, lo más aconsejable es visitar al especialista.

La Clínica San Francisco ofrece asistencia a precios diferenciados los días jueves para personas de escasos recursos.


Dr. Javier Martínez Dearreaza.

Universitá degli Studi di Pavia-Italia.

Clínica San Francisco.

De Camas Luna, Montoya, 90 varas arriba. Contiguo a Lolo Morales.

Teléfono: 2222494. Celular: 8771894.