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Neurólogo – Psiquiatra


Hablar del tabaco y de la adicción al tabaco no es cosa fácil, se podrían llenar toneladas de papel con información, con historias de fumadores, con los trucos para dejar de fumar, cómo reinician a fumar, sobre las consecuencias médicas, familiares,  económicas; pero veamos las cosas más importantes y a qué punto llega la investigación médica respecto a esta adicción.

Soy Felipe, tengo 57 años y quiero compartir con ustedes la historia de mi adicción al tabaco. No sé si existe predisposición genética hacia el tabaquismo, pero creo necesario mencionar que tanto mi papá como mi mamá fueron fumadores. Eliminaron ese hábito a consecuencia de recomendaciones médicas y pasaron sus últimos años siendo no fumadores, no padecieron de cáncer.

Como es lógico ellos nunca me indujeron a fumar y de hecho, cuando alguien le comentó a mi papá que me habían visto fumando me gané una regañada de padre y señor mío, de  las que se estilaban para ese entonces.

Comencé a fumar a la edad de 17 años, y el motivo principal fue la imitación (“Todos los hombres fuman”) y también como una manera de identificarme y ganar la aceptación del grupo, en donde había  jóvenes mayores que yo y que ya fumaban. Al inicio y como siempre sucede, la reacción física de mi cuerpo fue de rechazo al tratar de “aprender a fumar”. Pero debido a que necesitaba continuar identificándome con el grupo, y también por la concepción de “ser hombre” continué fumando de manera moderada (3 o 4 cigarrillos al día) pero por una sencilla razón: no disponía de dinero como para darme el lujo de comprar más.

Fue a la edad de 22 años, cuando ya laboraba y disponía de efectivo propio, cuando realmente comencé a depender más y más del tabaco. Ya que podía comprar una cajetilla, creo que en este período fue realmente cuando comenzó mi adicción. ¿Por qué fumaba en ese entonces  y ahora? Es una buena pregunta que a mis 57 años solo tengo una lógica respuesta: por todo y por nada.

De hecho sé que tengo una dependencia física y psicológica. Racionalmente comprendo los riesgos que entraña el tabaquismo, y sin embargo, aún continúo fumando. ¿Y qué beneficios he obtenido de ello? Ninguno. Aunque en honor a la verdad, si puedo describir los nocivos efectos que el tabaco ha producido sobre mi organismo: 1-sabor amargo en la boca al despertar por la mañana, 2-Pérdida del olfato, 3-Pérdida del gusto, 4- Alto riesgo de un infarto, 5-Alta probabilidad de padecer de cáncer, 6-Disminución de mi capacidad sexual, 7- Problemas de circulación.

A pesar de todo lo anterior no puedo dejar el cigarrillo; actualmente, me fumo un paquete y si estoy tenso puedo fumar hasta dos paquetes. En una ocasión intenté dejar de fumar y de un día para el otro paré y pasé sin fumar 7 meses; pero el día que falleció mi mamá alguien me pasó un cigarrillo encendido y desde entonces no he vuelto a parar.

La historia de Dante es un poco diferente. Dante tiene 37 años y cuenta: Mi mamá era fumadora, fumaba Marlboro rojo y podías encontrar una cajetilla en su mesa de noche, en los gabinetes de la cocina, en las gavetas de su máquina de coser, en donde menos te lo puedas imaginar. Fumaba mientras cocinaba, cuando iba al baño y jamás podía tomarse su cafecito bien cargado sin fumarse unos cuantos cigarrillos. No sé cuando ella empezó a fumar, debe de haber empezado muy joven, en casa no había grandes problemas y papá no era un hombre mujeriego ni trasnochador para pensar que él era causa de alguna angustia. Me fascinaba verla fumar, porque fumaba con un estilo muy elegante y se le notaba que disfrutaba sus cigarrillos. Por eso mi hermana y yo, coleccionábamos las colillas de cigarrillos de mi mamá, nos escondíamos con una cajita de fósforos y jugábamos a fumar, imitando a mamá.

Lamentablemente esa “costumbre” de mamá, no ayudó mucho cuando le detectaron cáncer al estómago. Ya estaba en la fase final, tenía 39 años.

En la época de la universidad solía fumar bastante, siempre tenía una cajetilla de Marlboro light de 10, para no fumar mucho según yo. Fue una etapa autodestructiva porque sabía que me hacía mucho daño físicamente, pensaba en mi mamá pero igual no dejaba de fumar. Hasta que un día cualquiera, fui a consulta con el médico, el doctor me preguntó por mis antecedentes familiares, cuando le conté lo de mi mamá, me preguntó por mis hábitos, cuando yo le relaté que fumaba y tomaba mucho café y también que era muy sedentario, etc., me dio un buen sermón que escuché y entendí, tenía 31 años, desde entonces luché por dejar el cigarrillo, batalla que por fin vencí a los 35 años, desde entonces no he vuelto a fumar.

Antonio de 28 tiene una relación de amor/odio/negación/necesidad con el tabaco. Amor porque sería mentir decir que no me gusta sentir el sabor del tabaco tostado de mis Windsor o mis Belmont.

Recuerdo que en el colegio odiaba el humo del cigarrillo por su habilidad de impregnarse a la ropa y el cabello. Del mismo modo no bebía, a pesar de sentir cierto gusto por el alcohol, tal vez porque era deportista.

Luego ingresé a la universidad y decidí aprender a fumar (creo que contribuyó una lesión a un menisco que me impide jugar al básquet). Aprendí  rápidamente y como niño con juguete nuevo, pues fumaba grandes cantidades. A pesar de no ser muy entrado en años rápidamente me di cuenta que si aunque quería jugar 5 minutos por mi facultad, el  cigarro me impedía un desempeño decoroso. Además soy asmático, sé que no debería fumar, incluso lo he dejado por períodos largos (un año).

Mi trabajo también ha contribuido, trabajo en el campo y a veces paso mucho tiempo solo, a veces los cigarrillos son mi única compañía. Me encanta la naturaleza, la vida y a veces no me explico porqué vuelvo a mi afán autodestructivo.

Poco a poco mis esfuerzos han ido dando un poco de frutos, me he convertido en un fumador social, cuando fumo prefiero hacerlo solo para no causarle daño a nadie. Sé que lo dejaré, pero no sé cuándo, necesito más fuerza de voluntad, sé que necesito ayuda para salirme definitivamente de esta adicción.

Según datos estimados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), el cigarrillo provoca la muerte de la mitad de los fumadores de toda la vida. En el 2000 más de 4.2 millones de personas murieron de enfermedades relacionadas con el tabaco, y el número se incrementó a 4.9 millones en el 2002.

En todo el mundo hay 1,250 millones de fumadores; siendo la prevalencia en hombres del 35% en los países desarrollados y del 50% en los países en desarrollo. Se ha observado que la prevalencia disminuye muy lentamente. En el caso de las mujeres la prevalencia es del 22% en los países desarrollados y del 9% en los países en desarrollo.

Fumar cigarrillos es la principal causa prevenible de enfermedad y de mortalidad.

El cáncer de pulmón, la enfermedad cardía isquémica (es importante destacar que fumando entre 6 y 10 cigarrillos por día se duplica el riesgo de sufrir un infarto agudo de miocardio) y la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, EPOC, son en ese orden, las tres primeras causas de muerte que atribuible al tabaquismo. Es importante destacar que:

-    El hábito de fumar es un factor causante del desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

-    La cesación del tabaco reduce el riesgo cardiovascular en el marco de la prevención primaria y secundaria.

-    La supresión del tabaco debe ser una recomendación prioritaria de los cardiólogos.

La sensación general es que el tratamiento de la adicción a la nicotina no es un problema médico; sin embargo, la evidencia médica muestra que la conducta del fumar es adictiva y que la nicotina es la droga que está presente en el tabaco y es responsable de la adicción.

La adicción a la nicotina es un problema crónico, que presenta múltiples recaídas y en muchos casos perdura toda la vida; lo que requiere intervenciones repetidas para lograr una abstinencia de largo plazo, siendo actualmente el padecimiento crónico más frecuente en el mundo desarrollado.

Alternativas  médicas para dejar de fumar:

-    Terapia de reemplazo nicotínico: se basa en reemplazar una proporción de nicotina que el fumador hubiere recibido a través del tabaco, y así reducen la severidad de la urgencia para fumar y otros síntomas de abstinencia nicotínica. Se encuentran disponibles en goma de mascar, parches transdérmicos, inhaladores y otros.

-    Uso de algunos antidepresivos: estos duplican la probabilidad de dejar de fumar a largo plazo.

-    CHAMPIX (vareniclina) es una nueva droga, específicamente desarrollada para dejar de fumar, que calma los efectos de la abstinencia, y también reduce los efectos de recompensa si el paciente vuelve a fumar.

Si usted piensa dejar de fumar, le recomiendo visitar al especialista, ya que es importante hacer notar que el riesgo de suicidio en fumadores es 3-4 veces superior al de las personas no fumadoras.

 

 

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Dr. Javier Martínez Dearreaza

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