•  |
  •  |

La plaga de divorcios que azota a nuestra sociedad no es cosa de ahora. Todas las sociedades que han entrado en crisis y han cuestionado sus valores básicos, lógicamente han visto tambalear su fundamento que les da continuidad y coherencia: la familia.

Este fue el caso de Roma, que en su apogeo sufrió una convulsión moral que llevó a la aniquilación de su cultura, sustituida por la del cristianismo. Claro, esto fue al principio. Luego, indirectamente Roma se introdujo en el cristianismo y lo desvirtuó. Pero esa es otra historia.

El caso es que en Roma se cambiaba de marido y de mujer, sobre todo en la fase imperial, con la misma facilidad que en las sociedades opulentas del mundo occidental de hoy en día. Ovidio y Plinio el joven, tuvieron tres mujeres; Julio César y Antonio, cuatro; Pompeyo, cinco. Y Julio César cuando volvía a Roma, era aclamado en sus calles, pero se le cerraban todas las puertas, poniendo en guardias a todos los maridos, y a todas las mujeres; pues no en vano, de él se decía que era “el marido de todas las mujeres y la mujer de todos los maridos”.

En las sociedades avanzadas se dan las máximas facilidades para el divorcio, ya que está considerado como un mal menor; que, por mucho daño que haga, siempre será inferior al provocado por un matrimonio mal avenido.

En los países occidentales donde estaba permitido el divorcio en 1900, hoy su número se ha multiplicado por diez. En Francia uno de cada cuatro matrimonios acaba disolviéndose, uno de cada tres en el Reino Unido, y uno de cada dos en los Estados Unidos y Suecia.

En España se aprobó la Ley del Divorcio en septiembre de 1980, y de 1981 a 1987 el número de matrimonios que se divorciaron fue de 224,213, y en la actualidad, se viene produciendo una separación matrimonial legal o divorcio por cada 6-7 matrimonios que se celebran.

Numeritos hablan por sí mismos
Estadísticamente está demostrado que cuanto más precozmente  se lleva a cabo el casamiento, más posibilidades tiene de acabar deshaciéndose. Esto es absolutamente lógico si tenemos en cuenta que aunque la mayoría de edad legal se alcanza en muchos países a los 18 años, el completo desarrollo, físico  y psíquico, no se consigue hasta los 20-23 en la mujer y 25-27 en el hombre.

También estadísticamente se han establecido cuáles son los períodos más críticos, cuando suelen producirse la mayoría de los divorcios. Normalmente durante los dos primeros años del matrimonio no se produce divorcios, ya que el entusiasmo pasional facilita la ausencia de problemas mayores.

Entre los dos y diez años de matrimonio se entra en el período de descubrimiento de la auténtica personalidad del cónyuge. Hacia los cinco o siete años de boda se produce la primera crisis matrimonial  importante, que puede provocar el divorcio.

A los 20-25 años de casados surge otra típica crisis: la del final de la crianza  de los hijos. En este momento, algunas mujeres, que ya no sienten la responsabilidad del cuidado de los hijos, desean liberarse de la sujeción del marido, y con mayor fuerza cuanto haya sido la dominación, si no tiranía, ejercida por él.

¿Quienes sufren más?
Tomar la decisión de divorciarse es usualmente un proceso complejo, y puede llegar a ser difícil y doloroso. Son múltiples los factores que deben tomarse en consideración y con frecuencia, conlleva un impacto emocional tanto para los adultos, como para los hijos. De hecho, muchas personas señalan que una de las principales razones por las que no se deciden a divorciarse, es por el posible impacto negativo que el divorcio puede tener en sus hijos.

Es importante saber, que el divorciarse  no significa que estés destinando a tus hijos a ser infelices. En algunos casos el  divorcio puede proveer a los hijos un ambiente más sereno ya que no tienen que presenciar a diario las discusiones entre sus padres. Ayudar a los hijos a manejar el divorcio de manera psicológicamente saludable, requiere trabajar de forma adecuada varios aspectos.

Si decides divorciarte, existen varias cosas que tanto tú como tu expareja podrán hacer para ayudar a los hijos a adaptarse exitosamente a su nueva situación familiar. Sin embargo, es posible que si provienes de una familia en la que sufriste por el divorcio de tus padres, se te haga difícil comprender que las cosas puedan ser de otra manera. Más aún, pensar en divorciarte puede reactivar heridas previas en ti. Lo aconsejable en estos casos es que te decidas por recibir atención psicológica.

Si tu pareja y tú han decidido que se van a divorciar, es posible que una de sus preocupaciones sea cómo darles la noticia a los hijos. Te daré algunas pautas que pueden ayudarte a afrontar esta difícil situación para todos los miembros de la familia.

 

Para que la noticia no afecte a los demás

Notifíquenlo solo cuando estén absolutamente seguros de que la decisión es definitiva. Es una noticia impactante y no debe informarse a los hijos como solo una posibilidad. Tampoco es adecuado consultar la decisión con los hijos sin importar si son mayorcitos o “maduros”. Esta es una decisión de adultos y solo debe ser tomada por el matrimonio.

Lo ideal es que estén los dos padres presentes.  Si tu relación con tu pareja es hostil, habla con él o ella y explícale que propones una tregua con la intención de que puedan enfocarse por completo en servir de apoyo a los hijos en este momento difícil. Explícale, que la intención es dar la noticia sin adjudicar culpas, sin insultos y si es posible, sin llanto por parte de ustedes. No es que vaya a ser una conversación fácil, pero mientras más tranquilos parezcan ustedes al dar la noticia, más seguridad sentirán los hijos. Si es posible, ensayen de antemano lo que cada uno dirá. Cuidado: si piensas que tu vida, seguridad física o seguridad psicológica estarán en peligro si te reúnes con tu pareja, entonces, evita encontrarte con esa persona y procede a darle la noticia a tus hijos por tu cuenta o acompañada por alguien que ellos vean como una fuente de apoyo.

Busquen un lugar y un momento apropiado. Esto quiere decir que sea un lugar y un momento en que los hijos puedan expresar libremente lo que sienten por el tiempo que sea necesario. Debe ser un lugar donde puedan hablar, llorar, gritar, protestar, en fin, desahogarse. No debe ser, por ejemplo, en el automóvil de camino a la escuela, o antes de dejarlos en una fiesta o el día antes de un examen importante.

Comiencen por calmarse ustedes. Recuerden que es una noticia difícil y, por tanto, deben darla con delicadeza y mostrando el amor que sienten por sus hijos. Por un momento, procuren ponerse en la posición de estos.
Reafírmenle que ellos no son culpables de la separación o del divorcio. Con frecuencia los hijos tienden a creer que algo que ellos hicieron o pensaron o, por el contrario, algo que no hicieron fue un factor que contribuyó al divorcio. Eso les puede generar sentimientos de culpa indebidos y tiene el potencial de crear problemas emocionales o psicológicos.

Exprésenles que ambos los seguirán amando.  Aún si con frecuencia les dicen a sus hijos que los aman, este es un momento adecuado para recordárselo y reafirmarlo. Díganle que el divorcio es entre los padres y no entre los padres y los hijos.

Si es posible, expliquen lo que han acordado, quien se mudará de la casa y donde vivirán los hijos. Mientras mayor organización vean los hijos, más seguridad sentirán. Si aun no lo han decidido, expliquen que aun no conocen todos los datos, pero en cuanto los conozcan se lo informarán.

 

Tome nota:
Estimado lector si desea opinar  referente a este artículo o quiere que se aborde un tema específico por favor escríbame a articulospsiquiatria@hotmail.com
La Clínica San Francisco ofrece los días jueves consulta a precios reducidos para personas de escasos recursos.
Te invito a leer mi blog: dearreaza.blogspot.com

Dr. Francisco Javier Martínez Dearreaza
Universitá degli Studi di Pavia-Italia
Clínica San Francisco
De donde fue Camas Luna de Montoya 90 varas arriba.
Tel: 2222-24 94 / Móvil: 8877-1894