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La Feria Internacional del Libro, FIL, Guadalajara, presenta 25 formas de leer el continente, autores cuyo talento se ha consolidado en sus países, pero que aún son poco conocidos fuera de estos.

El joven escritor nicaragüense  Ulises Juárez Polanco  forma parte de estos 25 tesoros literarios a la espera de ser descubiertos. El responde  a 20 interesantes preguntas hechas por  “25 secretos literarios”, y hoy les mostramos algunas de estas.

¿Escribir sobre lo público o lo privado?
Escribir sobre lo que nos mueve, sea público o privado.

¿Cuál es la obra literaria más sobrevalorada?
Ninguna, con todas se aprende  y si hubiese alguna, toco madera para que no sea ninguno de “los 25 secretos mejor guardados de América Latina”, que ya suficiente responsabilidad ha caído.

¿Y la injustificadamente olvidada?
Infinidad de títulos que siendo memorables no logran competir con el mercado y pasan desapercibidos.

¿La obra maestra que nunca ha leído y quizá ha dicho que sí?
“À la recherche du temps perdu”, de Marcel Proust. No logro terminar ese monstruo. Con otros libros he intentado hacer trampa, pero soy un mentiroso que no sabe mentir y que termina confesando lo que no ha leído por precaución. Aceptar que no he leído todo es confesar que antes que escritor soy un lector que tiene tareas pendientes.

¿Hace daño el culto al escritor?
Hace daño que el autor se lo crea. Desayunar egos revueltos a diario tiende al desarrollo del Síndrome del Yoyo.

¿Cómo reaccionaría si descubriera miles de copias piratas de sus libros en el mercado negro?
Feliz, porque tendría miles de nuevos lectores, y seguramente ya no sería un secreto.

¿El Estado debe pagar para que los escritores escriban?
El Estado debe preocuparse por hacer sus tareas, y suficiente tiene con eso, donde buena parte ya han demostrado ser ineficientes.

¿La “escritura creativa” puede aprenderse en un taller?
Uno puede aprender herramientas o lecturas, pero sucede como todo en la vida: que tengamos un bisturí en nuestras manos no nos convierte en cirujanos. Lo importante son las ideas y la imaginación, y esas no se aprenden en ningún taller.

¿Qué es un bestseller?
La alegría de un editor... o la maldición de un escritor.

¿Qué hábito envidia de otro escritor?
Envidio a los escritores que logran escribir de un tirón, y hacerlo magistralmente.

¿Qué eslogan propondría para una campaña nacional de lectura?
“Con un libro más, me aburro menos”.

¿Si fuera libro cuál sería?
Un Kindle con conexión ilimitada a Internet.

¿Cuál fue el primer libro que robó o debió haber robado?
Tengo “prestados” libros desde hace varios años que “sospechosamente” no termino de leer. En garantía, mis amigos me tienen otros, de los que también “sospechosamente” ya he conseguido reemplazos (Espero que mis amigos no lean esta respuesta).
Anécdota:

Cuando tenía 14 años encontré en la biblioteca del colegio el maravilloso libro “El mundo y sus demonios”, de Carl Sagan, y me cambió la vida. Debí haberlo robado de la biblioteca del colegio, no lo hice por miedo o pena, y empecé a buscar dónde podía conseguirlo. Si tan solo hubiera sabido que tardaría una década en encontrarlo, en una librería de viejos en Uruguay... Cuando me bachilleré me fui a despedir del libro, y comprobé que solo yo lo había pedido prestado. A nadie le hubiera afectado mi atrevimiento.

¿Raya los libros?
Dependiendo de la edición y del interés que me despierte un libro, pero sí suelo subrayarlos y hacer anotaciones, especialmente si los leo en casa.

Otra anécdota:
Así como cada lectura es diferente, y depende del estado de ánimo en el que se haga, también las anotaciones y subrayados son una especie de fotografía personal.

En 2004 dejé en Argentina la edición de un título que en ese momento era deslumbrante para mí, “El Túnel”, de Sabato. El libro regresó a mis manos siete años después, hace unos meses, y descubrí cómo las anotaciones y subrayados en esa edición reflejaban mis obsesiones de entonces, con 19 años.

¿Con qué cliché literario se (le) identifica?
En Nicaragua, a toda persona que escribe se le llama “poeta”, incluso si solo se escribe narrativa, como es mi caso. Y eso conlleva al mayor cliché del mundo, que como “poeta” uno es un eterno enamoradizo empedernido que por ser cliché probablemente no deja de ser fehaciente.

Si este es su último aliento, ¿cuáles son sus últimas palabras?
Apaguen las luces al salir.

Fuente: www.letraslibres.com