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Su sangre bullía al ritmo de los bolillos estrellándose en la firme madera sonora que ameniza las fiestas de enero en su natal Diriamba. Creció entre el colorido de los trajes de gala del Toro huaco, El Güegüense, Los Diablitos, El Gigante y Las inditas cantoras, danzas ofrendadas por promesantes a San Sebastián.

Ronald Abud Vivas fue hechizado por esa magia del folclor que según dijo marcó en su subconsciente el enriquecimiento de imágenes, formas, colores, movimientos y expresiones que “me llevaron a reunir un grupo de amigos con el que nació el Ballet Folclórico Nicaragüense, que no tenía pretensiones de gran compañía sino que era meramente como un club recreativo en el que los amigos compartíamos el deseo de bailar”.

¿Un fracaso triunfador?
En 1972 se presentó por primera vez en el Teatro Nacional Rubén Darío. “Participé en un festival del Ministerio de Educación, con la Escuela Normal de Jinotepe, pero no gané para el jurado aunque sí para la Junta Directiva del teatro que un mes después me llamó para pedirme que presentara mi espectáculo en ocasión de la celebración del Día de la Raza.

Yo perdí aquella noche, pero gané el futuro porque la pérdida de ese certamen me dio tanto coraje que me llevó a empeñarme mucho más en lo que estaba haciendo.

Aporte invaluable a la cultura
Con orgullo, Abud reconoce que durante 42 años ha venido recopilando en el tiempo, en el espacio y en la geografía de Nicaragua, todas las manifestaciones folclóricas vivas y las que no lo están las ha retomado e investigado.

Su esfuerzo lo ha llevado a que su espectáculo sea la perfecta  antología del folclor nacional, porque  involucra época, regiones y manifestaciones distintas, que empieza con danzas prehispánicas o del mestizaje, como el Toro Huaco, hasta concluir con la fiesta de La Purísima.

“Creo que poner ritmos y vestuarios que contrasten, buscando una explosión final con las danzas que tienen mayor sonoridad onomatopéyica han sido uno de los mayores aportes que el ballet ha dado al país, a los jóvenes y a los artistas, porque, sin ser vanidoso, somos una escuela pionera que educa, orienta y da pautas, y aunque algunos no lo quieran,  somos faro de orientación para muchísimos artistas y para muchísimas generaciones”, compartió.

Previo al espectáculo que  presentará el sábado 17 de diciembre, en el TNRD, Ronald Abud dice que uno de los logros más importantes que impulsó con el nacimiento de este proyecto es la revalorización del público, en cuanto a la apreciación de las puestas en escena, porque antes la gente subestimaba el arte folclórico, por falta de atractivo o pobreza de expresiones y colorido.

 “Una de mis mayores satisfacciones y el mayor premio que he recibido es la preferencia del público y su cariño que durante todos estos años nos ha hecho, según las estadísticas del TNRD, el espectáculo nacional más puesto en escena y el más taquillero de todos los tiempos”, señaló Abud.

“La labor está hecha, 42 años es más que la canción del tango que dice que 20 años son nada pero 42 pienso que sí lo son, máxime cuando sé que hemos producido más instructores que muchas escuelas dedicadas a ello”, concluyó Ronald Abud Vivas.