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Anne Hathaway cambia muchas veces de imagen en un recorrido por 20 años sobre un amor que siempre la acompaña en su vida. El paso de la amistad al amor retrata ‘Siempre el mismo día’

El amor es un juego perdido. Esa frase la cantaba Amy Winehouse, la cantante británica que el 2011 vio desaparecer.

El amor, el paso del tiempo y la muerte son los tópicos que entrelaza Siempre el mismo día, película que protagonizan Anne Hathaway y Jim Sturges.

“Emma” y “Dexter” son dos ingleses que cruzan palabra el día de su graduación, acontecida un 15 de julio de inicio de los 80, ella vivía enamorada de él pero él jamás la había notado.

Tras pasar una noche juntos, infructuosa en términos sexuales, se convierten en amigos.

Pasarán 20 años de encuentros y desencuentros para que decidan amarse no como amigos sino como amantes.

Lone Scherfig, directora danesa que tuvo a su cargo An education o Una enseñanza de vida, está al frente de este proyecto que revive la nostalgia de quienes crecieron en la década de los 80 y 90, la melancolía de los amores perdidos, de la lucha por establecer una vida, un trabajo, estabilidad.

Anne Hathaway ofrece una actuación interesante como “Emma”, una chica lista e inventiva que tras muchos años de malos empleos logra escribir novelas para niños. El personaje de Hathaway, cuya interpretación fue muy criticada por su forzado acento británico, tiene un gran acierto: durante 20 años enamorada de un encantador muchacho que deviene en patán, en la piel de Jim Sturges (conocido por la película A través del universo), no ruega por el amor de su amigo, es una personaje que no se traiciona, como ocurre normalmente en las comedia románticas y dramáticas.

Siempre el mismo día recuerda al film Dos para el camino, una de las mejores cintas de Audrey Hepburn, a quien Hathaway emula en varios de sus cambios de imagen, donde una pareja atraviesa por un recorrido de varios años que entrecruza el enamoramiento, la traición, la separación, la desconfianza y la madurez del amor; solo que siempre el mismo día queda un poco superficial en el tratamiento de las emociones de sus personajes, no explora con mayor profundidad el dolor o desconcierto del amor.

“El amor es un destino resignado”, dice Winehouse, frase que apoya los sentimientos que remueve esta película que hace viento en la memoria, abre cajones y escribe en hojas viejas las preguntas de siempre: ¿qué es el amor? ¿Qué queda después de la pérdida?

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