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Hace 15 años, había siete chavales que presentaban El Club Mickey Mouse en el canal Disney. Cuatro de ellos eran -bueno, aún son- Christina Aguilera, Britney Spears, Justin Timberlake y Ryan Gosling, el canadiense que no sabía bailar muy bien. Hoy, este cuarteto marca el showbusiness. Probablemente, Gosling sea el menos conocido del grupo, pero ha ido realizando su escalada cinematográfica a fuego lento, intercalando cine indie con dramas sentimentales taquilleros. En esta temporada ha metido en esa olla ingredientes suficientes (Crazy, stupid, love, Drive o Los idus de marzo) para que 2012 sea el año gosling. La gente dejará, por fin, de confundirle con otro canadiense de oro, Ryan Reynolds.

“He tenido suerte porque mis comienzos fueron raros. Crecí en Cornwall, a una hora de Montreal. A mis ocho años, yo cantaba en bodas con mi hermana, que tenía 12, y mi tío, que imitaba a Elvis. Mi experiencia se multiplicó con El Club Disney, un montón de tele y la serie El joven Hércules. Y ahí vino la suerte: aún estaría con sandalias y luchando con monstruos imaginarios, si no hubiera protagonizado El creyente”, asegura con media sonrisa.

Gosling confiesa su dualidad con el cine indie: “Me encanta hacer ese tipo de películas, pero siempre que ruedo una -y he hecho muchas- sufro pensando si alguien va a verla”. Sorbo a la taza de té y reflexión: “Para un actor, el rodaje, el proceso de creación es más importante que el estreno, porque nunca controlas el resultado. Los premios son importantes no por mi ego, sino porque son la única manera de que la gente se entere a veces que existen esos filmes”. Y ni siquiera así: uno de sus mejores trabajos, Blue Valentine (2010), con Michelle Williams, sigue sin estrenarse en España.

El canadiense tiene aspiraciones más allá de las interpretativas. Durante dos años se alejó del cine para rematar el álbum de debut en 2009 de su banda, Dead Man’s Bone. Y paró justo cuando había enlazado trabajos como Asesinato... 1, 2, 3 (con Sandra Bullock, con quien salió un par de años), El mundo de Leland, El diario de Noah (basada en una novela de Nicholas Sparks, el sucesor estadounidense de Corín Tellado, y otra película en la que acabó emparejado con su partenaire, Rachel McAdams), Tránsito, Half Nelson (su candidatura a los Oscar), Fracture y Lars y una chica de verdad. “En cuatro años pasé de secundarios a personajes de peso”. Sí, de peso, pero siempre muy raros: asesinos, profesores drogadictos, chicos enamorados de muñecas hinchables...

Y tras Blue Valentine y la comedia Crazy, stupid, love decidió generar él mismo sus películas. Fue Gosling, quien llamó al danés Nicolas Winding Refn para que dirigiera Drive, basada en la novela de James Sallis. En Cannes, Winding Refn obtuvo el premio al Mejor Director; Gosling, la admiración del público.

Los Globos de Oro le han concedido una doble candidatura (por Crazy, stupid, love y por Los idus de marzo) y la selección al Oscar no debería escapársele. Otro sorbo al té y publicista que salta por detrás: se ha acabado el tiempo. “De verdad no soy tan buen actor. No puedo crear personajes de la nada, y por eso en todos mis papeles hay algo de mí. Mi ídolo es Gene Wilder porque te hacía reír y a los dos segundos te llevaba al llanto. Te lo da todo”.

La humildad no impedirá que 2012 sea el año gosling en Hollywood.