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Los cuadernos que de niño su madre le compraba para la escuela los utilizaba para dibujar cualquier cosa que se le venía a la mente en su natal Diriomo. Desde pequeño, Roberto Morales, recuerda haber sentido una fuerte atracción por la pintura y el dibujo, algo que en ese entonces su familia no comprendía.

Continuó estudiando la Primaria y concluyó la Secundaria, pero su simpatía por este arte nunca menguó, por el contrario, fue aumentando hasta convertirse en un verdadero artista del dibujo, oficio que ahora ejerce para mantener a sus dos hijos (Gema y Roberto).

Recuerdo que mi abuela tenía un televisor en blanco y negro. Por la noches miraban la novela, entonces yo agarraba mi libreta y aprovechaba para dibujar a los personajes que aparecían. Conforme pasó el tiempo fui adquiriendo capacidad visual para captar las imágenes y así mejorar cada día”, dijo.

Autodidacta

Nunca entró a una escuela de artes porque sus padres no tenían recursos para pagarla; sin embargo, eso no lo venció y más bien le dio ánimos para prepararse por su propia cuenta, estudiando las obras de grandes figuras artísticas como el español Pablo Picasso y el italiano Leonardo Da Vinci.

Luego se casó y en busca de mejores alternativas, en 1991 viajó a Costa Rica, donde permaneció aproximadamente ocho meses, ahí trabajó en una empresa llamada Arma Color, pero por problemas de documentación migratoria regresó a Diriomo. Al lado de dos amigos (Isaías Moraga y Santiago Marcia) empezó a trabajar haciendo rotulaciones y murales para algunas empresas.

Desde hace unos 10 años se dedica a realizar retratos principalmente de turistas, como una forma de ganarse la vida. “Yo trabajo en lugares turísticos, por ejemplo, en el Parque Central de León, el Mirador de Catarina,  Mercado de Artesanías y Parque Central de Masaya, a veces en San Juan del Sur.  Aquí en Granada me muevo por todo el Parque Central, La Calzada y los hoteles. Los mejores días son viernes, sábado y domingo”.

Durante la semana del Festival Internacional de Poesía, Roberto ha permanecido en La Gran Sultana ofreciendo cada retrato a 50 córdobas a los nicaragüenses y a los extranjeros, 100. Aunque no le ha dejado abundantes ganancias, manifestó que le ayuda solventar los gastos del hogar.

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