•  |
  •  |

De las figuras y las personas con pinceladas abstractas presentes en los cuadros de su anterior exposición, da el salto hacia las obras que tilda como sin anécdotas, pero impregnadas de expresión emocional.

El artista confiesa su gusto por experimentar la sensación de jugar con los colores y de dialogar  con el cuadro, al que deja “que hable y me vaya diciendo lo que está mal y lo que está bien”.

Es uno de los pintores que siempre ha tenido como característica un uso más atrevido del color, optando por los más vivos y vibrantes, rompiendo con algunos convencionalismos ocre.

Ramiro Lacayo Deshon presenta hoy, a partir de las siete de la noche en Galería Códice, “Gritos y susurros”, compuesta por 30 piezas que “tanto intuitiva como inteligentemente van marcadas con una intención determinada”.  


Viendo su obra es fácil advertir que estamos ante un hombre tozudo que no dejó que una enfermedad acabara con su amor por la pintura.

“Yo dibujaba desde pequeño pero padezco del síndrome hereditario que se llama el tremor esencial, que es cierto temblor en las manos; entonces, los dibujos no me salían como yo esperaba, eso me llevó a pensar que no era para este arte pues creía que para ser un artista necesitaba líneas rectas”, compartió Lacayo Deshon.  Sin embargo, para fortuna de los amantes del buen arte, aunque se mantuvo desilusionado buen tiempo o haciendo dibujos discretamente, “cuando estudiaba arquitectura empecé a desarrollar más esta habilidad aunque era un dibujo técnico de perspectivas y cuestiones de sombras me fue abriendo este mundo en el que vi que encajaba porque podría expresar cosas que tuvieran algún valor aunque no estuvieran formadas por líneas rectas”.

Disciplina constante
Así que durante el tiempo que fui director de Incine “siempre mantuve a nivel de mi casa la disciplina de pintar, algunas personas me compraban pero no estaba interesado en exponer, fue hasta más o menos en el 2000 que Luis Morales me invitó y tuve bastante acogida, luego me quedé exponiendo en Códice”, argumentó sobre su periplo por el mundo de las exposiciones.

“Gritos y susurros” está conformada por “cuadros abstractos que no están narrando nada ni tienen ningún amarre específico más que lo que te va saliendo. No necesariamente son espontáneos pero sí dialogados, porque a veces metés colores que no armonizan y el cuadro te dice que no está bien, ese es el sentimiento que hay detrás de la exposición es el gozo de pintar, el gozo de los colores aunque a veces parecieran cuadros casuales no tienen nada de ello, o te salen o no”.

Referente a lo definitivo que pueden resultar los trazos en los cuadros abstractos, mencionó que no hay mucho margen a corregir, “no es como pintar un rostro o un paisaje, son trazos muy definitivos y con pocas posibilidades de corregirlos”.

Para los interesados en las técnicas les adelantamos que en algunos hay base de acrílico, “predominando los trazos de acrílico negro y sobre eso entra el óleo a hacer vibrar los colores y a hacer brillar el negro porque el acrílico es un poco opaco. Son bastantes transparentes es un fondo que voy pintando y despintando para que logre cierto grado de transparencia, otros solo llevan como fondo el blanco de la lona”.

En algunos cuadros nos encontramos caligrafías, es decir letras inventadas, en los gritos nos enfrentamos a trazos violentos con fondos y combinaciones cromáticas fuertes mientras que en los susurros vemos una gama más relajada y tenue.

Un color llama a otro color y a otro en las 30 piezas al óleo de formato mediano a grande en las que predominan las líneas con espátula.

Así que Ramiro Lacayo Deshon  deja el reto de que los espectadores encuentren y definan los sentimientos que él como artista ha plasmado pero que por estar tan involucrado en el trabajo no puede precisar, así que los asistentes terminarán de hacer el cuadro.