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A pocas horas de que se entreguen los máximos premios de Hollywood, los Oscar, sigue en aire la incógnita: ¿podrá ganar Demián Bichir la estatuilla como Mejor Actor?

La terna de Mejor Actor es, sin duda, la máxima este año, no solo porque está considerado Demián, sino porque la competencia es muy grande y se descartaron a dos de los actores más celebrados de los últimos tiempos, Leonardo DiCaprio (J. Edgar) y Michael Fassbender (Shame). Vaya, en la contienda están las verdaderas estrellas del cine: George Clooney (Los descendientes) y Brad Pitt (El juego de la fortuna).

El francés Jean Dujardin (El Artista), que también está en la terna del Oscar, perdió justo ayer el César, máximo premio de cine galo –lo  obtuvo Omar Sy por Intouchables– lo cual indica que a pesar de su triunfo en los Globos de Oro y el BAFTA podría quedarse sin Oscar.

Los Academy Award siempre tienden a la complacencia, premiar en todas las categorías a la favorita El Artista pegaría en el orgullo estadounidense, su eterna rivalidad con Francia se vería disculpada, aunque, por otro lado, este film tiene la aprobación, y producción, de poderoso Harvey Weinstein; pero es poco probable su triunfo en cada categoría a la que aspira.

El triunfo de Demián, sin cuestionar su talento, estaría del lado de la tendencia política, si es que la industria quiere considerar “monorías” como los inmigrantes; ya lo han hecho utilizando el mismo absurdo concepto para premiar o nominar a negros (Halle Berry, Denzel Washington) o personajes homosexuales (Heath Ledger por Brokeback Mountain y Philip Seymour Hoffman como Capote), nótese que no son actores sino personajes gay.

Gary Oldman (El espía que sabía demasiado) es un gran actor, pero su reconocimiento es la nominación, pues la fiesta perdería glamour de premiar a un actor británico que ha estado inmerso, como actor de reparto, en las dos franquicias más grandes de los últimos años (Harry Potter y Batman el caballero de la noche).

George Clooney ya tiene un Oscar por Syriana, en el apartado de Reparto, y aunque Los descendientes es una gran actuación y una buena película, en realidad no es sorprendente. Otorgarle otro premio significaría encumbrarlo como una gran figura, como Sean Penn o Daniel Day-Lewis, algo poco probable.

Quien más méritos tiene es, sin duda, Brad Pitt, nominado en otras dos ocasiones, por Doce monos y Benjamin Button. Tuvo un año excepcional con dos películas grandiosas: El árbol de la vida, Palma de Oro en Cannes 2011, y El juego de la fortuna.

La Academia no lo iba a reconocer por su contención en El árbol de la vida, pero sí por la emocionante El juego de la fortuna, una película con un ritmo que atrapa de inmediato al espectador y que presenta a Pitt en un papel estilo Clint Estwood, un manager de un equipo de béisbol duro y con hambre de triunfo, que Brad borda excepcionalmente.

Brad, La estrella de Hollywood, intervino en la producción de estas dos películas y es hora de que sea reconocido su talento. Un mérito más para ganar: el rating de ver la cara de Angelina Jolie, que ya tiene un Oscar, cuando mencionen el nombre del padre de sus hijos.

Es hora de reconocer y quitarle la etiqueta de guapo-tonto al actor que más dinero genera en películas y publicidad en todo Hollywood, y no de forma gratuita sino por dos filmes de verdad memorables.

Esmas.com

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