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En Nicaragua, un país lleno de muchas leyendas, cultura y sobre todo de tradiciones, hasta el mejor amigo del hombre tiene “su día” para congraciarse con el santo que les protege y alivia. El barrio indígena Monimbó se convierte en el anfitrión de los devotos de San Lázaro, tradición que conjuga sincretismo religioso y amor a los canes, misma que tiene su origen en las leyendas culturales de la Capital del Folclore, Masaya.

San Lázaro de los perros es una leyenda bíblica que parte de una parábola de Jesús, en la que se habla de un hombre pobre, de muletas y unos perros. Los monimboseños lo han acogido como un santo que hace milagros a la gente y cuida a los perros, según comentan Eduardo Aguirre y Kenia Useda, habitantes de Masaya, quienes han sido testigos de cómo esta tradición ha trascendido a todo el país.

En Masaya la fiesta o Domingo de Lázaro tiene lugar una semana antes del Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa. El punto de concentración es la Parroquia de Santa María Magdalena, de Monimbó, donde centenares de promesantes y turistas llegarán con canes de todas razas y tamaños, acicalados y vestidos exóticamente, portando disfraces de diversos tipos y colores.

Si bien muchos acuden por devoción, la pintoresca tradición se ha convertido en la excusa perfecta de lucir a sus perros, como si tal se tratara de una pasarela perruna, lo que vuelve más concurrida la actividad.

En este contexto es posible ver a los caninos vestidos en trajes deportivos, otros más casuales, playeros, elegantes y, por supuesto, chic y con glamur, como se puede apreciar en las ilustraciones.

 

Verdadero concepto
Las personas llegan a la fiesta de San Lázaro en agradecimiento de alguna petición de milagro hecha al Santo, ya sea personal o de un familiar, también piden por la sanación de sus mascotas, y la forma de pagar ese favor al santo es llevando a sus perros a la celebración, en un desfile donde resaltan trajes de vistosos colores. La participación de los perros se basa en textos de la Biblia, donde se dice que San Lázaro “El Leproso”, era un hombre pobre con el cuerpo cubierto de llagas, al cual solo se le acercaban los perros para lamer sus heridas.

Esta leyenda bíblica impulsa a las personas a participar en la festividad religiosa, llegando desde temprano con sus perros a la iglesia.  La misa en honor a San Lázaro comienza a las diez de la mañana.