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Jesucristo, de unos diez años, con una barba pintada con lápiz negro para cejas, una corona de espinas hecha de papelillo y una túnica blanca, toma su cruz y empieza a caminar.

En el andar se enfrenta a un Poncio Pilatos más o menos de su edad, mientras lo sigue en llantos María, una niña menudita de ojos esmeralda que seca sus lágrimas con un manto celeste. La Verónica le sale al paso y enjuga su rostro que queda impregnado en el lienzo, los soldados romanos lo azotan y lo obligan a levantarse cada vez que cae, mientras el pueblo lo sigue hasta que muere en una cruz, y reaparece en unas escaleras representándose resucitado.

Este cuadro pertenece a la Judea, una de las tradiciones con mayor arraigo en Semana Santa y que son “la recreación de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo”, según explicó Ana Iris Rosales, profesora del Colegio Madre Cayetana Alberta.

“Las Judeas son la escenificación del Vía Crucis que es el recorrido de Jesucristo desde que fue condenado a muerte hasta que resucitó. Así que para rescatar el mensaje evangélico en varias comunidades se recurre a la realización de esta obra popular”, ilustró Socorro Mendieta, guía de un grupo de Amigos de Jesús y de María, en Diriamba.

Sin lugar a dudas, los improvisados actores de este teatro popular deben ensayar su actuación para poder lograr el propósito, no obstante, la escenografía y los atuendos son de vital importancia para ambientar el argumento que ponen en escena.

“De los personajes más fáciles de vestir tenemos a Jesús, que solo usa una túnica y como complemento le ponemos la corona de espinas y la cruz que carga. Las mujeres de Jerusalén, la Virgen María y la Verónica que enjuga el rostro también son sencillas de vestir porque bien les pueden poner túnicas o faldas largas y camisas holgadas, más su manto en la cabeza, que en realidad es el que da el toque característico”, señaló Mendieta.

Mientras tanto, la profesora Rosales dijo que quizás los de más difícil caracterización son los soldados romanos, “porque hay que asemejar atuendos específicos, en su mayoría la coraza de bronce y el casco con los que se protegían, sin embargo, ahí entra en juego la astucia de los actores”.

¿Alquilarlos, comprarlos o elaborarlos?

Las opciones para vestirse y participar en este tipo de obras son variadas. Quizás la más sencilla sea alquilar el disfraz, que en el caso de un soldado romano puede costar 200 córdobas para niño. Los adultos tienen la misma alternativa, sin embargo, solo encontramos de venta en La Casa de las Bromas y Carnaval en el Mercado Roberto Huembes, el precio es de 750 córdobas, mientras que para niño vale 690.

Asimismo, la tercera alternativa es poner manos a la obra y crear el atuendo en casa. Conversando con algunos niños del Madre Cayetana nos dimos cuenta que una forma sencilla de hacer el disfraz es usando una túnica corta sin mangas como base y poner un cinturón que lleve una especie de mechas gruesas separadas. Uno de los participantes dio a hacer el cinturón donde una costurera. Otros lo elaboraron con cartón y lo forraron con papel aluminio.

En el caso de la coraza la alternativa es hacerla de cartón con una pechera que se una a un protector de espalda y que se forre con papel de aluminio. Asimismo, la profesora Rosales dijo que el foamy es un material alternativo que puede ser de utilidad, aunque puede resultar más caro.

En cuanto al casco indiscutiblemente vimos que la mejor alternativa es el papel de aluminio sobre cartulina mientras que las sandalias pueden hacerse de cartón con Manila, o bien comprar caites ya hechos.

Así que alternativas hay muchas, elijan la que más les convenga y a realizar interpretaciones de calidad.