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El magistral  concierto de rock sinfónico en Nicaragua, fue catalogado como un éxito total. El pasado viernes por primera vez  se fusionó el rock pesado, de Alejandro Mejía, con la orquesta sinfónica de la Camerata Bach y la descarga metalera de Cargacerrada, para celebrar los 25 años de vida artística de este icono de la “raza” roquera nicaragüense.

El Teatro Nacional Rubén Darío, TNRD, fue la sede de los metaleros que siguen al pionero del rock en el país, Alejandro Mejía, quien ofreció un tremendo concierto a más de mil fans que vistieron de  jeans, botas y camisetas negras.

Sin duda alguna, el rock en Nicaragua tiene  un público selecto pero numeroso, lo cual se pudo apreciar en las afueras del teatro, ante la falta de boletos  agotados. Desde tempranas horas de la noche, jóvenes de todas las edades, a través de un pantalla improvisada disfrutaron del concierto como si tenían cerca a Mejía.

El concierto empezó con el ritmo metalero de Cargacerrada y lo clásico de la Camerata Bach. Luego los acompañó en el escenario Luis Enrique Mejía, quién entonó El tigre y el canario, canción con la que rindió homenaje a su hijo.

Durante el concierto Alejandro Mejía entonó 24 canciones, ocho de cada banda en la que ha estado, empezando con El tigre y el canario, que coreó a dúo con su padre.

Alejandro se caracteriza por su rock pesado, inició su carrera musical a finales de los 80 con la banda “CPU”, en la que interpretaba canciones de crítica social, siendo una de las más famosas “Nica en Costa Rica”, que fue coreada por los asistentes, además de canciones como Síndrome Necromórbido Audiovisualmente Adquirido, Acalambrado, No Hay, Señor Gobierno, Obras y No Palabras, Chacal, Güegüense Falso, entre otras.

En el escenario se pudo percibir la preparación musical que tuvieron los artistas; cada género “echó a andar” su música, y se logró un tono de calidad musical, consiguiendo que los violines, viola, cello, contrabajo, piano, oboe, flauta, clarinete, fagot, corno, trombón y trompeta fueran parte de esta mezcla sinfónica que llegó al público.

Cargacerrada mantuvo su ritmo y la Camerata Bach logró reproducir lo clásico de su sinfonía, y de forma magistral con la fusión del rock pesado dirigido por Mejía, y el equilibrio de los instrumentos, hizo que los asistentes se sintieran inmersos en una verdadera melodía musical.