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  • ACAN-EFE

Entre 1950 y 1951, como diplomático representó a su país en Ginebra ante la Organización Internacional del Trabajo, OIT. Tres años después, trabajó en México en el Gabinete de Prensa del Ministerio de Asuntos Exteriores.

En su país fundó y dirigió, con Emmanuel Carballo, la “Revista Mexicana de Literatura”, (1955-1958), período en que compatibilizó esta actividad con la dirección del Departamento de Relaciones Culturales de Exteriores. También fue coeditor de El espectador”, (1959-1961) y, en 1960, de “Siempre” y “Política”.

Catedrático de Literatura en la Universidad de Princeton, EEUU. También impartió clases de español y literatura comparada en las universidades estadounidenses de Columbia, Harvard y Pennsylvania, entre otras.

Entre 1974 y 1977 volvió a ocupar un puesto dentro del Cuerpo Diplomático, y ese último año fue destinado a París como embajador, cargo del que dimitió en protesta por el nombramiento como primer embajador de México en España, de Gustavo Díaz Ordaz, a quien el escritor responsabilizaba de los sangrientos acontecimientos de la Plaza de las Tres Culturas, de Tlatelolco (2 octubre 1968). También, entre 1975 y 1976, presidió la delegación mexicana en la Conferencia Internacional de Cooperación Económica.

“Terra Nostra”, un alegato en favor de la libertad individual en la sociedad moderna le valió el Premio Rómulo Gallegos, (1977) y dio a conocer internacionalmente el nombre de este escritor, que contribuyó a la comprensión de la nueva novela latinoamericana y al examen de la sociedad y la historia mexicanas.

En su narrativa hay un propósito de analizar su ciudad, su país y su civilización. De ahí su visión crítica del mundo a través de “collages”, referencias, analogías o citas, donde la reflexión y la poesía, la erudición y el sentimiento, responden a un interés crítico para con su sociedad y su tiempo.

Apasionado del cine

Otro de los placeres de Fuentes era el cine, que empezó a saborear en la infancia, cuando su padre, gran aficionado, le llevó a ver en Nueva York el “Ciudadano Kane”, de Orson Welles, y años después tuvo oportunidad de conocer al cineasta español Luis Buñuel, con quien mantuvo una fuerte amistad.

De sus incursiones literarias en el cine quedan guiones como “Las dos Elenas”, (1964); “Un alma pura”, (1965); “El gallo de oro”, (1964), y “Pedro Páramo”, (1966).

Dos décadas después, el mexicano Paul Leduc y el argentino Luiz Puenzo llevaron a la gran pantalla sus novelas “La cabeza de la hidra”, (1981) y “Gringo viejo”, (1989), respectivamente, esta última protagonizada por Jane Fonda y Gregory Peck.

Como conferenciante destacan su simposio en la Universidad sudafricana de Witwatersrand (Johannesburgo), adonde llevó “El Quijote” en 2006, y la lectura ofrecida un año después del prólogo de la edición conmemorativa de “Cien años de soledad” elaborada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias en honor de García Márquez, a quien Fuentes define como “el Quijote americano” que tiene “el rostro del mundo”.

Entre sus obras más importantes destacan “La muerte de Artemio Cruz” aparecida en 1962, y “Gringo viejo” publicada en 1985. Fue también autor de numerosos ensayos y de obras de teatro.

Los últimos premios que recibió en España fueron el Premio Formentor de las Letras 2011 y el Premio Internacional Fundación Cristóbal Gabarrón de las Letras el mismo año.

Este 14 de mayo, unas horas antes de su muerte, Fuentes fue nombrado Doctor “Honoris Causa” por la Universidad Española de las Islas Baleares.

Un hombre universal

El director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, mostró ayer su “gran tristeza” por la muerte de Carlos Fuentes, “un hombre universal”, que supo “combinar lo mexicano con la dimensión universal del español”.

“Se nos ha ido uno de los grandes, no solo como escritor sino como el gran profeta que fue del español como lengua de continuidad”, ha dicho en declaraciones a Efe García de la Concha, “muy sorprendido” por la muerte del escritor mexicano, aunque sabía que “andaba algo enfermo”.

Fuentes fue para García de la Concha, “un amigo muy generoso”, como también lo fue “con las Academias de la Lengua Española porque estaba muy vinculado con todo lo que significaba la defensa del español como la gran lengua que hermanaba a todos”.

El director del Cervantes, que profesaba verdadera admiración al autor de “La muerte de Artemio Cruz”, ha referido que “la universalidad es la marca” de Carlos Fuentes: “Siendo tan intensamente mexicano, era un hombre universal, en esa línea de combinar lo nacional, lo mexicano, con la dimensión universal del español”.

El Premio Nobel de Literatura de 2010, Mario Vargas Llosa, dijo que sintió “mucha pena” al enterarse de la muerte del escritor mexicano Carlos Fuentes, a quien le unía una amistad de 50 años.

“Me ha dado mucha pena enterarme de la muerte de Carlos Fuentes. Lo conocí hace cincuenta años y fuimos amigos todo este tiempo sin que nada, nunca, empobreciera esa amistad”, dijo Vargas Llosa en un mensaje dictado a su hija Morgana para que lo colgara en la red social Twitter y confirmado por ella a Efe.

El novelista peruano agregó que Fuentes “deja una obra enorme que es un testimonio elocuente de todos los grandes problemas políticos y realidades culturales de nuestro tiempo”.

El director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua, ha asegurado que la muerte del escritor mexicano Carlos Fuentes, supone “la pérdida de una figura irreemplazable”.

“Figuras como la suya son muy difíciles de sustituir en un momento de transición como este. Se van los grandes y no se ve en el horizonte quienes le sustituyan”, ha aseverado, en declaraciones a Efe.

Sergio Ramírez, Premio Alfaguara 1998 expresó su sentir a El Nuevo Diario, mencionando que la muerte de Carlos Fuentes deja un vacío en su vida, se confiesa devoto suyo desde su lectura de Aura y el Cantar de Ciegos, “dos libros que abrieron en mí la perspectiva del escritor que yo quería llegar a ser en tiempos de adolescencia.

Ramírez comenta que los conquistó también “su visión ecuménica de la literatura, como un reflejo revuelto de la historia total de nuestra América, de la que haciendo uso de la imaginación, el escritor no debía ser sino un cronista osado y aventurado, obligado a verlo todo y contarlo todo, desenterrándolo todo. La lección perpetua del pasado para aprender a mirar el futuro, sin dejarse desalentar por las constantes decepciones de los ideales rotos y de los sueños pervertidos.

El escritor nicaragüense cuenta además que la obra de Fuente “es una galería de espejos para mirar la historia y mirarse en la historia, desde La muerte de Artemio Cruz a Adán en Edén, la tragedia de nuestra América que siempre ha navegado en las aguas oscuras de la traición y el crimen.

En este sentido, Fuentes enseñó siempre a lo largo de su vida de escritor una incontestable calidad ética teñida de rebeldía juvenil, nunca dispuesto a callarse. Su palabra como un ejercicio constante de la libertad. Siempre persiguiendo la excelencia de la escritura, su novedad, libro tras otro, hasta el mismo final”, puntualizó Ramírez.

Un escritor con un público fiel en Nicaragua

La obra “La región más transparente”, que salió a la venta el 7 de abril de 1958 y es la obra pionera de Carlos Fuentes, es la más buscada por los lectores, informó a El Nuevo Diario el gerente-propietario de la librería Literato. “Goza de un público fiel, buscado y leído por personas con un grado de cultura alto y de mente abierta, ya que en muchos de sus libros de cierta manera reta el status quo y replantea la forma en que vemos y pensamos acerca de las cosas.

Muy interesante y cautivador, definitivamente uno de los autores latinoamericanos más conocidos en Nicaragua. Uno de los grandes autores latinoamericanos que no pueden faltar en ninguna librería del país”, comentó Guzmán. La obra “La región más transparente” fue escrita por Fuente cuando tenía 29 años y, de acuerdo a un cable de la agencia de noticias DPA, “desde entonces, ha perdurado como la gran novela urbana de México y una de las más relevantes de la literatura latinoamericana”.

“La novela retrata toda la Ciudad de México de los años 50, y mucho de lo que narra sigue vigente hoy, y al mismo tiempo en sus páginas todavía se oyen los últimos balazos de la Revolución Mexicana (1910-17)”, explicó la escritora Elena Poniatowska al cumplir la obra 50 años. Ella fue la primera persona que entrevistó a Fuentes.

Otros de los textos que se ofertan en Literato son: “La Gran Novela latinoamericana”, (2011); “Adan en el Edén”, (2009); “La Voluntad y la fortuna”, (2008); “Cuentos Naturales”, (2007); “Todas las familias felices”, (2006); “Contra Bush”, (2004); “Cristóbal Nonato”, (1987), y “Gringo Viejo”, (1985).