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Hace escasos 15 días, Aragón recibió dos de los más importantes a nivel mundial y de mayor cuantía económica en su ramo: el Premio Internacional de Fotografía Documental Gea Photowords y el Premio Internacional de Fotografía Revela a los Titulares de los Derechos Sociales, los que ganó con su fotorreportaje “El Paraíso de los Corazones Olvidados”, que contiene imágenes captadas durante varios años en África.

A pocos meses de partir hacia África, Aragón nos relata cómo mezcló su pasión por la fotografía y la creación de una organización social, lo cual le ha dado importantes reconocimientos, pero sobre todo, la satisfacción de poder ayudar a quienes habitan en la “cuna de la humanidad”.

¿Cuándo fue la primera vez que llegó a África y qué impresión tuvo?

“He estado muchísimas veces en África. La primera vez en 1998, creo. Desde entonces he pasado varios meses al año durante los últimos diez en el continente olvidado. La primera impresión fue dura, áspera, difícil y encantadora. Lógicamente no estaba preparado para ver el sufrimiento, la muerte y la destrucción de formas tan variadas y directas. Luego uno se acostumbra, empieza a entender ciertas cosas y encuentra sentido al sinsentido, o por lo menos lo intenta”.

¿Cómo nace la idea de crear una ONG para trabajar en África, y cómo se relaciona con la fotografía?

“Cuando uno llega a África y tiene los ojos bien abiertos se da cuenta de que no hay derecho a ciertas cosas que allá pasan. Yo, no soy de los que gusta vivir, ver y fotografiar cosas que tendrían fácil solución y que por desdén se convierten en sentencia de muerte.

Así nace Oasis, (Organización de Ayuda Solidaria contra la Injusticia Social) con un grupo de amigos que brinda atención médica gratuita a quienes por haber nacido al otro lado de la frontera que hay al sur de París están condenados al olvido, al sufrimiento y a la muerte anónima.

Con Oasis tratamos de dar una oportunidad a cientos de pacientes que jamás la han tenido, jamás han sido valorados por un médico cualificado que les tienda una mano para continuar su vida. La fotografía es una herramienta vital para dar a conocer los proyectos y para contar historias que de otro modo serían demasiado anónimas”.

¿De qué trata El Paraíso de Corazones Olvidados?

“Esta es la pequeña gran historia de un grupo de médicos “locos” y su travesía al país de los corazones olvidados. Un apasionante viaje que hemos realizado durante 10 años ayudando a los más pobres, enfermos y olvidados de algunas de las aldeas más desfavorecidas del planeta”.

El premio que ganó reparte más de 50 mil euros entre los ganadores ¿Qué hará con ese dinero?

Algo muy concreto. Este año Oasis estaba muy corto de dinero, había que rascarse el bolsillo más de lo habitual. Cada vez cuesta más conseguir fondos y en esta época de “crisis” la cosa se tornaba mucho más complicada. Así que este premio ha sido la tabla de salvación con la que podemos terminar de financiar el nuevo proyecto. Regresamos, una vez más a seguir con las cirugías traumatológicas y plástico-reconstructivas en Bombuaka (Togo), nuestro “nuevo” hogar en medio de la sabana a intentar aportar nuestro pequeño granito de arena en forma de atención médico-sanitaria en una zona que está totalmente expuesta, desprotegida y olvidada. ¡Fíjate si lo vamos a invertir bien!

Hablemos ahora del mundo de las imágenes, ¿cómo llegó a la fotografía?

“Por curiosidad, mucha curiosidad. Comencé en otro tipo completamente de fotografía. Luego me di cuenta que era una excusa perfecta para compaginarla con otra de mis pasiones: viajar. Así que fue un binomio perfecto para recorrer el mundo viendo y viviendo historias increíbles”.

¿Cuál sería para usted una buena foto?

“Aquella que te marca, te seduce, te enamora y acompaña por siempre”.

¿Cuál es la foto que nunca haría?

“Las fotos hay que hacerlas. Todas. Es nuestro trabajo. Otra cosa es que alardees al mostrarlas o te vuelvas un imbécil sin escrúpulos. Tengo mucho respeto por la gente que fotografío y ellos lo saben, por eso me dejan entrar en sus vidas y comparten conmigo su sufrimiento. Siempre he creído que cada quien debe tener su propio código deontológico.

Después de observar muchas de sus obras ¿se podría decir que le gusta el tipo de foto de “línea cruda”?

“La foto nunca es cruda. Cruda es la realidad que muchas de ellas plasman. Por suerte o por desgracia, es la realidad que me ha tocado o he decidido retratar. Nunca fui conformista y sí soñador. Siempre estuve en contra de los sistemas mal establecidos. Así que intento que mis fotos sean un reflejo de ello. Me han criticado algunas veces por hacer bello algo dramático. Y digo yo, por qué siempre nos empeñamos en adjetivarlo de feo, oscuro o gris. Ya bastante condena tienen con vivir esa realidad que a casi nadie importa. Yo por lo menos intento dignificarlos otorgándoles un poco de luz”.

Con alma africana y corazón nica

Antonio Aragón Renuncio es un viajero por naturaleza. Nació en España, y a sus 27 años, decidió radicar en Nicaragua luego de haber recorrido con su cámara cuatro de los cincos continentes retratando la realidad que le apasiona. Viaja dos veces al año (desde hace más de 10) a Bombuaka en Togo a ver a “sus” niños y aprovecha su regreso para visitar a su mamá por España, quien aún le pregunta ¿por qué se quedó en Nicaragua? a lo que él contesta: “Esta tierra maravillosa me enamoró desde el primer día”.