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La depresión en ancianos es un problema cuya prevalencia está aumentando; afecta cerca del 15% de la población de más de 60 años.

Varios factores pueden explicar este incremento. En primer lugar, el porcentaje de esta población está creciendo. En segundo lugar, la depresión es una enfermedad común a cualquier edad, y en la vejez puede deberse a episodios recurrentes que se iniciaron precozmente en la vida, una continuación de depresión crónica que se manifiesta tempranamente, o episodios que se originan después de los 60 años. De esta manera es posible encontrar todos los tipos de depresión en personas ancianas.

Cuando hablamos de depresión debemos tener en cuenta que forman una variada constelación de manifestaciones que incluyen síntomas psíquicos y corporales.

Entre los primeros vamos a encontrar alteraciones del humor, entendido como alteraciones del estado de ánimo. Es el ánimo depresivo o tristeza vital. Otros síntomas son la pérdida de interés por las cosas, así como la capacidad de disfrutar.

Constituyen el núcleo central de la depresión y se acompañan de alteración de actividad laboral y social del individuo.

Pueden existir otros síntomas como ideas de culpa, auto reproches, pesimismo, desesperanza, dificultad para concentrarse e ideas de suicidio.

Sin embargo, en la depresión existen síntomas somáticos, siendo los más frecuentes las alteraciones del sueño, pérdida de peso, anorexia, falta de energía, manifestaciones gastrointestinales, vértigo, dolor, cefalea, etc. En ocasiones las manifestaciones somáticas son predominantes en la depresión del anciano.

¿Qué predispone al anciano a estar deprimido?
En la vejez ocurren una serie de factores de diversa índole que pueden favorecer la aparición de este trastorno:
T Pérdida de la salud que acontece a esta edad. En muchas ocasiones estas pérdidas de la salud condiciona deterioro funcional con tendencia a la dependencia física y pérdida de la autonomía.

T Presencia de enfermedades crónicas, pérdidas familiares, amigos y seres queridos, en ocasiones acompañadas de duelo patológico.

T Merma de la capacidad económica.

T Cambios con la llegada de la jubilación, que condiciona un cambio brusco en las actividades y relaciones sociales.

T Factores biológicos presentes, aunque no suficientes para la depresión. Entre ellos, se han implicado cambios en la estructura cerebral, neurotrasmisión, sistemas hormonales. Se ha postulado que puede ser un factor de vulnerabilidad.

Vejez, no causal de depresión
El envejecimiento no es sinónimo de depresión. Es decir, ni todos los ancianos están deprimidos ni los síntomas de una depresión cuando aparecen en un anciano son “normales” para su edad.

Se calcula que un 30% de los mayores de 65 años padece de alguna de las diversas formas de depresión. En el anciano casi no se diagnostica una depresión mayor; esto quizá se debe a que los estrictos listados de criterio con los que se hacen los diagnósticos están poco adaptados a las depresiones en el anciano.

La depresión en el anciano tiene más manifestaciones somáticas que en las otras edades, tiene más problemas cognitivos. Quizá por esto es que en los ancianos se diagnostica depresiones menores y subclínicas en un alto porcentaje.

Los diagnósticos de depresiones menores aumentan en los ancianos que viven en asilos.

Se sabe que la depresión complica la evolución de las enfermedades médicas del anciano; interfiere en la rehabilitación de enfermedades incapacitantes como ictus, induce a mayor riesgo suicida y se traduce en mayor mortalidad por cualquier causa a quien la padece.


Características de la depresión en el anciano
La depresión en el anciano tiene rasgos diferentes a la depresión que se presenta en otras edades:
T Menor presencia de síntomas psíquicos.

T La tristeza y el bajo estado de ánimo puede manifestarse en el anciano como apatía y retracción, y pueden ser las quejas somáticas las que llamen la atención, despistando al médico.

T Algunas enfermedades físicas se acompañan de depresión. Aquí está la pericia del médico para determinar de dónde proviene la depresión.

T Los ancianos consumen muchos medicamentos por sus diferentes enfermedades; estos medicamentos pueden inducir a depresión.

T Si un anciano sufre depresión grave tiene más tendencia a intentar el suicidio.

T A veces la depresión se presenta en el anciano como pérdida de memoria, lo que hace que el médico tenga que diferenciar entre una demencia o una depresión.

Si un anciano presenta sentimientos de minusvalía o desesperanza, si presenta ataques frecuentes de llanto o si se cree tener dificultades para enfrentar situaciones estresantes, debe buscar urgentemente asistencia médica.

Asimismo, se debe buscar asistencia médica si se cree que un familiar de edad avanzada puede estar sufriendo depresión, dado que los pacientes ancianos generalmente no admiten los signos y síntomas de una depresión, por orgullo.

Una depresión detectada a tiempo puede responder al tratamiento médico, de lo contrario el paciente puede tener muchas complicaciones. El resultado es generalmente peor para aquellas personas cuyo acceso a los servicios sociales, la familia o los amigos es limitado, y puede ayudar al anciano.

En ocasiones la depresión puede aliviarse a través de intervenciones sociales, las cuales ayudan a manejar el aislamiento o la soledad; por ejemplo: salidas en grupo, trabajos voluntarios (en caso de ancianos sanos) o visitas regulares de las personas allegadas.

El tratamiento de las condiciones médicas subyacentes o la suspensión de ciertos medicamentos pueden aliviar los síntomas.

El tratamiento de la depresión en los ancianos debe dejarse a manos del especialista.

La prevención de la depresión en ancianos está relacionada con los factores que contribuyen al desarrollo de este trastorno. El apoyo social es muy útil en el manejo de las pérdidas de seres queridos y en las enfermedades, y en los cambios en la movilidad; en muchos casos, no existe prevención efectiva.


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Dr. Javier Martínez Dearreaza
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