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Y el sendero que prometía conducirnos por 30 obras en realidad implica 41, dando un vasto cuerpo de análisis y comentarios que resultan del agrado del auditorio y que también podrían generar reacción en cuanto a algunas obras que no fueron incluidas.

La cabeza de Nefertiti descolló en la presentación. García Romano explicó que la eligió porque es una obra que reproduce lo natural y a pesar de que ha sufrido algunos desperfectos, aún “se parece a todos nosotros en cuanto al físico”.

La Venus de Milo estaba en el siguiente peldaño. Ahí, sin sus brazos pero refulgente, la colocó el arquitecto como una obra que a pesar de ser una belleza hecha a partir del ser humano no necesariamente es un retrato ni implica que existió esta persona.

“En la Venus nos encontramos con el perfil griego en el que la frente y la nariz forman una misma línea, el ideal de belleza era que una mujer debía tener siete medidas de cabeza en el cuerpo y el hombre ocho. Los mismos griegos tenían cánones muy establecidos si vemos de espalda no es tan bonita”, aseveró.

La Majestad seguía en la lista, “obra representativa de la Edad Media en la que el cuerpo es tratado de otra forma, su singularidad radica en que contradice algunas cosas como las que dice el Evangelio en cuanto a la vestimenta de Cristo a la hora de la crucifixión, aquí lo vemos con mangas largas y hay libertad por los colores, rostro inexpresivo”, argumentó.

Seguido está La virgen con el niño y querubines, una imagen bien sensual, un rostro bien natural, “se pueden ver los colores en los querubines que son rojos y azules, lo que quiere decir que la sociedad se había metido en esquemas libres aunque volvió a la naturalidad”.

En el orden cronológico aparece la Mona Lisa. “Es el retrato de Lisa Gherardini, la mujer del Giocondo, pero Leonardo la hace de una manera tal que tiene unas construcciones geométricas matemáticas en conjunción con el retrato, inscribe el rostro en un rectángulo de oro inserto en otro rectángulo, con las medidas armónicas largas y cortas va analizando las formas eso no se ve en él”, afirmó del cuadro que Da Vinci duró 17 años en pintar.

El David de Miguel Ángel no podía faltar en este recuento. De este desnudo el arquitecto hace notar lo asimétrico que resulta al ser su mano casi del tamaño del brazo, aunque lo ve como un juego de significados.

Las Meninas de Velásquez también fue incluida así como el Éxtasis de Santa Teresa, esta última, una obra del barroco interesante, “porque permite explicar las características del barroco que es lo irregular, está organizado de forma tal que todo parece un oleaje, pero lo mejor es la expresión de la huida del espíritu que llega a asociarse hasta con el placer sexual conseguido en un orgasmo”.

Y lo sublime lo refleja con La muerte de Ofelia, “una pintura rafaelista que parece una fotografía”.

El jardín de las delicias, también es analizado por este arquitecto, que habla sobre la obra que presenta la creación, el paraíso y el infierno, los contrastes de escalas, la situación de que el pecado es apetitoso y al mismo tiempo los colores, las formas y situaciones extrañas, precursor del surrealismo el panel del infierno una alusión al sexo y el castigo.

Infaltable La persistencia de la memoria, de Dalí, un cuadro que según García Romano, no se ha superado, es algo extraño y oculto, representa de manera fotográfica cosas que en realidad no existen.

La lista la completan grandes iconos de los pinceles y las espátulas hasta culminar en la obra un Cuadro azul. Así que los amantes del arte deben asistir a la próxima presentación de esta conferencia en la UCA.