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A pesar de ser un autor que ha transcendido fronteras, idiomas y culturas, Sergio Ramírez Mercado inició “las fiestas patronales en su honor”, como llamó jocosamente a la jornada de celebración de su cumpleaños 70 y de sus bodas de oro literarias, con una sencillez loable. Sin saco ni corbata y ajeno a todo formalismo, cordialmente autografió la antología de cuentos La viuda Carlota, que fue presentada ayer. No eran pocas las personas que pacientemente esperaron su turno para saludarlo y obtener la ansiada dedicatoria en la primera hoja de la obra.

Cuando llegó la hora del acto central, el público pasó al auditorio del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, presuroso, en busca de sillas, pues resultaron insuficientes ante el desborde de diplomáticos, escritores y personalidades de otros ámbitos sociales.

En la pantalla se proyectaron imágenes de la vida del escritor al lado de familiares y de grandes autores, como sus entrañables amigos Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. También en escenarios y facetas diversas, que van desde sitios turísticos hasta asambleas políticas. Y la nota musical herencia de su abuelo y de sus tíos no podía faltar y estuvo a cargo de los integrantes de la Escuela de Música “Lizandro Ramírez”, quienes deleitaron al público con el vals Ilusión perdida compuesto por el abuelo del escritor y cuyo título fue inmortalizado en uno de los cuentos de Sergio Ramírez.

Seguido, el señor León de la Torre Krais, Embajador de España en Nicaragua, fue el encargado de abrir la velada para luego dar paso a René González, quien presentó al escritor Erick Aguirre Aragón, editor de las páginas de Opinión de El Nuevo Diario y del Suplemento Cultural, con quien el homenajeado sostuvo una conversación abierta y amena.

Tras una breve presentación sobre este libro de cuentos que es el número 14 en su bibliografía, Sergio Ramírez le dijo a Aguirre que al hacer la selección de historias para la obra decidió no incluir su primer cuento, El Estudiante .

La conversación giró en torno de las temáticas abordadas a lo largo de su obra, aunque en esta ocasión se limitaron a los cuentos. El centerfielder es la historia con la que despunta esta antología, seguido por Nicaragua es blanca, acerca de los que recordó que son historias con las que trató de reflejar el anhelo de la sociedad nicaragüense por emular a los estadounidenses. Y en cuanto a la relación de consanguinidad entre El Centerfielder y Juego Perfecto la centró en su gusto por el beisbol, “la pasión de mi vida”.

La charla siguió con el abordaje de la metáfora constante del poder, cómo usó la fábula en De tropeles y tropelías, y de cómo la tiranía convierte a los serviles. Llegando a ese punto arrancó las carcajadas del público al recordar la anécdota sobre gente capaz de jugarse la propia vida con tal de divertir al poderoso.

Al señalarle Erick Aguirre el contraste entre su apariencia seria y el marcado humor en sus historias respondió: “Uno puede navegar con la bandera de la seriedad y le va bien, pero la seriedad absoluta no hace a nadie feliz. El verdadero sentido del humor lo aprendí en las ruedas que hacían mis tíos y mi padre en la tienda donde se burlaban de todo el mundo, pero también de ellos mismos”.

“Mientras uno más depende de una mujer, más escribe de las mujeres”, dijo acerca del trabajo que ha hecho con personajes femeninos.

Este coleccionista de notas rojas de periódicos culminó la celebración respondiendo inquietudes del público que salió complacido por la accesibilidad del laureado escritor. Y la orquesta tocó nuevamente el vals Ilusión Perdida, luego que Ramírez compartiera que el título lo heredó de su abuela, quien ya en la vejez, al ver pasar a la mujer por la que tanto había suspirado su esposo, lo tomó del brazo y a pesar de su ceguera, lo llevó a la puerta y le dijo ahí va tu ilusión perdida, señalando a la mujer que también había sucumbido al paso de los años y que caminaba con dificultad.

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