•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

No solo los congela en imágenes, sino que va más allá de apuntarlos con la lente, abrir o cerrar el diafragma y dispararles. Sus trabajos nos muestran a los escritores en situaciones, contextos y parajes novedosos, originales y en algunos casos hasta inverosímiles, parte de un proceso de producción extraordinario. Como Salman Rushdie comiendo uvas tirado en una tina de baño vacía, con ropa y sombrero.

Un argentino que ha perdido el acento. Un chico que sin dinero, sin papeles y sin hablar francés, cargado de ilusiones y salpicado por una dictadura que lo alejó de su patria, se estableció en París. Era un muchacho valiente, con coraje, comprometido y refugiado en tres pasiones: la lectura, el cine y la fotografía, aunque la última en menor escala. 33 años después ya tiene un nombre que lo consagra en el mundo de las letras, no por narrar con palabras o por rapsoda versificador, sino por contarle al mundo con sus mejores imágenes cómo son los hombres y las mujeres que hacen la literatura. Hoy es “Daniel Mordzinski, el fotógrafo de escritores”.

De su pasión por los literatos atina afirmar que es el resultado de una noche de amor entre la literatura, el cine y la fotografía. “Yo no sabía si de grande iba a ser cineasta, literato o fotógrafo, pero sí soñaba con que cualquiera de esas tres cosas sucediera en mi vida”, señala.

Asimismo, no olvida que dio sus primeros pasos en la fotografía con una cámara que le prestaba su papá y también reconoce que como empezó a leer muy joven, “rápidamente me di cuenta de que no tenía ningún talento para escribir”.

Del cine a parís

La situación política de su país limitó al joven Mordzinski para realizar estudios universitarios, sin embargo, tomó cursos de cine y fotografías que le permitieron conocer a un productor que lo llevó hasta Jorge Luis Borges. “Uno de mis profesores tuvo afinidad conmigo y me tomó como su delfín, como su discípulo, y al año y medio él se embarcó en un proyecto, un documental en 35 mm sobre Borges y me invitó a trabajar con él. Yo le pedí prestada la cámara a mi papá y me la llevé al rodaje, así hice mis primeras fotos, en 1978 con Jorge Luis Borges”, señaló.

Y aunque afirma que en su carrera fue su “primera letra el Aleph”, dice que no fue el poeta ciego la persona que más contó o que más marcó su vida como apasionado de la literatura, pues “la persona de cuya mano, simbólicamente, me fui a París es Julio Cortázar”.

Un mensaje a Julio Cortázar

A los pocos meses de estar en París, el casi inexperto fotógrafo que retrataba mendigos recibió la propuesta de hacer una exposición con esas imágenes que describe como “muy directas, de contrastes fáciles y que revelaban cómo era en esa época: muy inocente”.

“Y esa inocencia me llevó a que un día antes de esa exposición se me metiera en la cabeza que tenía que invitar a la persona que más había contado para que llegara a París”, compartió.

Así, a los 19 años, sin dinero en la bolsa, sin un amigo periodista ni escritor, con más ilusiones que probabilidades, tomó la guía telefónica y buscó el número de Cortázar. Lo encontró, lo llamó y no habló.

“Cuando llamé salió el contestador y no tuve valor para hablar y corté. Pero luego pensé que estaba muy solo, muy triste y que necesitaba su compañía. Volví a llamar, respiré profundo y le dije: Hola Julio, me llamo Daniel. No soy nadie, nunca hice nada, pero mañana voy a inaugurar la primera exposición de mi vida y sería el pibe más feliz del mundo si pudieras acompañarme. Te dejo la dirección”, recordó.

Y Cortázar no solo escuchó el mensaje sino que atendió el llamado, y “el enorme Julio Cortázar vino, así lo conocí, así nos hicimos amigos”.

Por otro lado, dijo que otra persona que contó mucho en esos años fue Ernesto Sábato, a quien le acaba de rendir homenaje en Buenos Aires con una “gran muestra” compuesta por el conjunto de retratos que le hizo a lo largo de veinte años y entre la que sobresalía una fotografía en el Obelisco de 88 metros de ancho x 34 de alto, “la foto más grande que he hecho en mi vida”.

¿Cómo selecciona a los escritores?

“Durante 33 años el único criterio que he seguido para fotografiarlos es disfrutar lo que hago, es vivir, es esa bellísima noción surrealista que Andrés Bretón desarrolla en el segundo manifiesto de la causalidad porque creo que nosotros contribuimos a que haya un encuentro en la casualidad. Vengo a Nicaragua, me presentan un escritor, luego a otro y a otro, así trabajo”, respondió enfáticamente.

Y aunque se conoce que trabaja en la elaboración del Atlas humano de la literatura iberoamericana, Mordzinski aclara que él no pretende hacer una guía telefónica, “si tratara retratarlos a todos no retrataría a ninguno y sobre todo creo que lo haría mal”.

Así que su trabajo va más allá de la simple colección de imágenes de ahí que no sabe a cuántos escritores ha retratado, porque para él, ellos no son como figuritas ni trofeos, por lo que tampoco tiene ningún tipo de criterio académico, moral ni estético.

Haber leído el trabajo de un escritor no me facilita fotografiarlo

Mordzinski reconoce que muchas veces va a las casas de un escritor, cuya obra ha leído, y esos casos son los que más le cuestan, contrarios a que podría pensarse que haberlo leído le facilite el trabajo. “Es como cuando vas a un concierto de alguien que amas y que admiras mucho, y como sos una mujer valiente hacés la cola y vas a pedirle un autógrafo, pero cuando lo tenés enfrente te quedás sin palabras: pues yo me quedo sin imágenes”.

Vino a homenajear a Sergio Ramírez

Además de corresponsal gráfico en Francia del diario El País de España, Mordzinski es fotógrafo en algunos de los Festivales más importantes del mundo como los HAY Festival (Cartagena de Indias, Xalapa, Segovia, etcétera) y el Festival de la Palabra de Puerto Rico.

El jueves estuvo presente en la inauguración en Galería Códice de una exposición fotográfica en honor a Sergio Ramírez, a quien conoció en 1995 en París.

“Nos presentó un amigo escritor que tenemos en común, Roberto Armijo. Desde entonces nos encontramos en cada uno de sus viajes a Francia y en muchos Festivales literarios, por ejemplo, en estos últimos meses, he tenido la suerte de retratarlo en Santo Domingo, Madrid y Cartagena de Indias”, cuenta. Del narrador masatepino el profesional de la cámara manifiesta que “es un escritor universal que ilustra lo mejor de la literatura de América Latina, Sergio Ramírez es la encarnación de esa utopía llamada literatura. Es también un emblema de la humanidad, espíritu, el de la paz y el diálogo. Y de la amistad”.

Y con la bandera del agradecimiento, Mordzinski reconoció que está en Nicaragua gracias a Juanita Bermúdez, a la Embajada de Francia y a la Alianza Francesa de Managua, institución donde va a mostrar por primera vez en Nicaragua una visión muy completa de su trabajo.

“Los rostros de la escritura” en la Alianza Francesa

En el mes de agosto la Alianza Francesa dedica su temática cultural a “El mundo en imágenes” y para brindar al público una visión extraordinaria del mundo literario organizó la exposición fotográfica “Retratos de la escritura”, que inaugurará el próximo 14 de agosto a las siete de la noche en la Galería Bernard-Marie Koltès de su sede en Managua. Mordzinski está muy contento por la muestra que estará abierta hasta el 30 de agosto completamente gratis. Además, parece que la batería de su cámara no se agota y que sus energías para trabajar son infinitas, pues mientras montan la exposición él está retratando a escritores nicaragüenses.

Este hombre que a pesar de la fama muestra una gran calidez en su amable trato, hoy se pregunta “si retratar escritores de la manera que lo hago, por un lado juguetona y luego poniéndolos en escena, es exactamente esa fusión, entre literatura, cine y fotografía, como foto-nove-cine, uniendo los prefijos de las palabras para crear un nuevo género”.

Un mensaje a julio cortázar