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Y es imposible apreciar las joyas de arte materializadas en aluminio por Edgar Pasquier sin reparar en que la frialdad del metal recibió vida no solo al ser moldeada sino al mezclarse con la sangre del artista, producto de las cortaduras infligidas en sus manos con el fin único de llegar a la belleza y al goce estético.

Pasquier es un enamorado de la esencia de la materia y de lo improbablemente bello para la mayoría, y aunque dice que lo de él era la pintura, siempre le ha llamado la atención como objeto las líneas geométricas y las armazones arquitectónicas, lo que se puede apreciar en mis trabajo anteriores.

“En una construcción o en una destrucción siempre hay elementos que me han llamado la atención, como los tubos, el esqueleto de un edificio, entre ellos existe mucho material alumínico o metálico, las mismas columnas antes de que las llenen de concreto son de metal”, afirmó Pasquier.

Este pintor también compartió que llegó hasta el aluminio siguiendo el proceso natural de los artistas que se reinventan cada cierto tiempo; por eso, “después de diez años de pintar decidí empezar a experimentar con este material que aunque parece no apto para las artes finas en realidad es muy generoso y ha sido el causante de que comenzara esta revolución dentro de mí, hace como dos años”.

Y fue así que se dedicó a experimentar cortando, estrujando, pegando y tiñendo estas piezas que para él están como vivas.

En cuanto a las líneas que sigue para trabajar reconoce que hay en sus cuadros parte del Movimiento Vanguardista contemporáneo, en el que se usa el video, la luz y la instalación de ahí que él pasa del cuadro bidimensional al tridimensional como elemento nuevo dentro de su trabajo.

Como buen admirador del Movimiento Constructivista, en los cuadros de Pasquier nos encontramos con varios recovecos y escondites que a él le gustaría poder explorar, sin olvidar el recurso de las pedrerías escondidas, que avivan la estructura con sus colores fuertes, y que además las coloca escondidas “para que sean como pequeños tesoritos”.

Resulta impresionante la fusión que hace entre cuero y aluminio, la que Pasquier explica como la mezcla entre lo cálido y lo aparentemente frío. Asimismo, sumado a estos materiales nos presenta ventanas transparentes que utiliza “como testigos y que me permiten incorporar la pared al cuadro mismo en sí. Con ellas estamos invitando a lo que hay del otro lado para que sea parte de la obra”.

Y al finalizar el recorrido por Galería Códice se llega hasta “Constelaciones”, un cuadro en el que se ve el cielo con sus estrellas, gracias a la pasión de Pasquier por admirar a diario el firmamento. Este cuadro tiene aura, como una persona, y más allá del cielo también puede representar una ciudad con sus luces y sus calles.

En fin, Los metales de Edgar Pasquier constituyen un verdadero espectáculo novedoso en el que se mezcla el talento, el cuido de la naturaleza al construirse en parte con material reciclado y la reafirmación de la calidad pictórica del artista que también dibuja muchos de los detalles para texturizar el metal.