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El paisaje natural y el creado, la naturaleza virgen y la intervenida, el sincretismo entre cielo y tierra, el verde que absorbe y la aridez que impacta, la modernidad que corre a la velocidad de un tren y la majestuosidad ancestral congelada en una pirámide, barrancas y arrollos, peñascos y océanos. Todos confluyen, influyen y definen la obra del gran paisajista mexicano José María Velasco, el amo del pincel que irradiaba en cada obra lo que su vista capturaba, por su original manejo de la luz, del color y de las formas.

Velasco puede ser considerado un revolucionario del arte mexicano, porque a pesar de que siguió los lineamientos académicos del arte en la Academia de San Carlos, no se sometió dócilmente a ellos, sino que tomó las técnicas y buscó su propio horizonte hasta descubrir el placer de pintar el paisaje que lo rodeaba.

No se dejó absorber por completo por las diversas variantes de la figura humana que predominaban en los pintores cuando él ingresó a la academia, sino que consagró la mayor parte de sus obras a la representación de la naturaleza.

Maestro de perspectiva

Muchos críticos consideran que Velasco tenía un sentido visual agudizado que le permitió percibir más allá de lo que cualquier ser humano puede observar respecto de la forma, las coloraciones y las características del paisaje, pero hay que señalar que estas virtudes no fueron fortuitas, sino que el caballero de la paleta las cultivó finamente luego de haber tomado clases de anatomía, geología, botánica, zoología, matemáticas y física.

Los cuadros de Velasco se caracterizan porque los dibujaba buscando recrear la profundidad y la posición de los objetos, logrando una perspectiva original notablemente influenciada por las circunstancias que le rodeaban al momento de hacer la obra, pues todos sus paisajes llevan la esencia de su percepción y su juicio, diferenciando sus cuadros de simples y llanas fotografías.

Obras de Velasco en Nicaragua

El 26 de agosto fue el centenario de la muerte del pintor originario de Temascalcingo, efeméride conmemorada con una serie de homenajes que se realizarán durante todo este año impulsadas por el Instituto Nacional de Bellas Artes.

Como fruto de esa gestión llega hasta Nicaragua la exposición itinerante “José María Velasco: visiones del Anáhuac”, auspiciada por el Museo Nacional de Arte de México y la Dirección General de Cooperación Educativa y Cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Cómo vio Velasco ese pedacito de México rodeado por diversas masas montañosas y cuna de grandes civilizaciones es la base de esta exposición conformada por 25 obras reproducidas a gran formato para reconstruir la trayectoria del pintor, “en conjunto con una serie de apoyos museográficos que den cuenta de la vida del artista y que contextualicen las reproducciones expuestas.

Con ello también será posible esbozar para el público centroamericano, un panorama de espacios representativos de la vida mexicana contemporánea al pintor”, según el proyecto curatorial facilitado por la Embajada de México.

Esta exposición itinerante se inaugurará hoy a las seis de la tarde en el Antiguo Convento San Francisco, en Granada, gracias a la alianza entre el Instituto Nicaragüense de Cultura, el Centro Cultural Antiguo Convento San Francisco, la Embajada de México, el Conaculta y el Instituto Nacional de Bellas Artes a través del Museo Nacional de Arte y la Secretaría de Relaciones Exteriores.