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La línea del tiempo se ha difuminado entre la espesura del negro de “Una misma noche”. Aquella noche en la que Leonardo Bazán vio algo, o tal vez no lo vio, solo lo soñó. O sí lo vivió y la experiencia lo atormentará durante años en los que va tras las piezas que hacen falta en el rompecabezas de su memoria para evacuar un suceso por el que se autoescudriña.

Una hipótesis da pie a que se suelte el hilo argumentativo: “Si me hubieran llamado a declarar, pienso. Pero eso es imposible”. Y luego el estambre se estira al gusto de Leopoldo Brizuela que va regalando a los lectores descripciones, introspecciones, flash back y tensas relaciones entre el protagonista y su entorno, en busca de saciar su compulsiva necesidad de escribir como tabla de salvación.

Una novela con trazos policiacos que le valió el Alfaguara a Leopoldo Brizuela, “una persona a la que le cuesta definirse, un argentino de 49 años que escribe más allá de publicar o no” y que tiene como pasión la música, que está todo el tiempo como inspiradora, “siempre la estoy escuchando y forma parte de mi vida”.

“Un thriller existencial”

Rosa Montero, la presidenta del jurado del Alfaguara, calificó la novela como un thriller existencial, a lo que Brizuela, que visitó Nicaragua en su gira promocional, reaccionó diciendo que tanto en esta novela como en las otras le interesó un elemento muy importante en la narración: el suspenso.

“Buscaba la manera de hacerle vivir al lector ese mundo de la novela y proponerle la experiencia como un aprendizaje. Lo que quiero es que se sienta atrapado y que viva la historia. Tengo muchas influencias del policial, por eso creo que Rosa dice lo de thriller, con la diferencia de que el protagonista se investiga a sí mismo, por muchas cosas, en ese sentido es existencial porque el enigma es interno”, aseguró Brizuela.

Al hablar sobre el manejo del tiempo narrativo que oscila entre idas al pasado y llegadas al presente, el escritor que presentó su obra en Literato, reconoció que es una técnica que ya había utilizado pero que está agudizando más, porque “tengo error del orden cronológico. La idea de escribir una novela que empieza el lunes, sigue el martes, continúa el miércoles y termina el viernes me da una especie de angustia y de aburrimiento sumo”.

Además, le es imposible ocultar que siente la necesidad todo el tiempo de saltar, “no sé bien por qué, pero también lo que me interesa es que un tiempo ilumine otro. Quería mostrar un personaje que recordara muchas veces una misma escena y cada vez de una manera mucho más completa. No quería que recordara y se quedara en el pasado, sino que recordara una primera vez y no resultara convincente su propio recuerdo, para que los datos de la realidad le ayudaran a contar la misma escena con sentido distinto pero cada vez más inquietante”.

Confesó que su idea era reflejar que la memoria no es algo estático sino que va cambiando en el transcurso de la vida y que basta un detalle mínimo para que uno cambie la visión de su propio pasado y de esa forma cambie la relación con el presente.

La Argentina de Brizuela

Un dictadura en ciernes, abuso de poder e inseguridad ciudadana conforman el escenario de “Una misma noche”, sin embargo, Brizuela dice que es “una Argentina mía que corresponde más con mi mundo, pero creo que es un país que está sacando por primera vez un montón de secretos y eso siempre se hace con mucho dolor, lo que muestra la novela es el dolor de decir cosas que están incorporadas pero al mismo tiempo la felicidad de sacárselas de encima”.

Ha encontrado historias similares en los países que ha visitado en su gira de promoción y manifestó que a pesar de que el personaje está muy atormentado, él escribió con la alegría de que el relato casi se armara solo y que a pesar de que tiene todo ese derrotero su relación con el pasado ahora cambió completamente, “tengo un gran alivio por haber hablado en la novela, de haber hablado con los demás y que me hayan contado cosas, es muy hermoso que los lectores y los periodistas cuando la novela aún no tenía lectores me contaban historias parecidas, me parece que es el mejor halago que pueda generar”.

¿Autobiográfico?

El protagonista y el autor comparten la primera sílaba de sus nombres, el oficio de escribir y la pasión por la música, porque todo fue calculado por Brizuela como una trampa, “me interesaba mucho que el lector se preguntara, si esto le pasó al autor me puede haber pasado a mí. Y si me hubiera pasado, cómo hubiera actuado”.

Tal fin era porque, según él, la gente tiene la idea de que en situaciones al límite actuaría de una manera siempre heroica y de acuerdo con sus principios, “por eso yo quería que bajara el nivel de humanidad y al ver el personaje se preguntaran cómo habría actuado yo”.

Eso sí, reconoce que el personaje tiene sus recuerdos, que no son autobiográficos porque no le pasaron a él, “no son mis padres ni mis vecinos pero son los de esa época un gran desafío que después de leer tanto de esa época, ver películas y escuchar testimonios qué me acuerdo de cuando tenía 12 años y empecé a rescatar paisajes e imágenes e historias que me contaron”.

Finalmente, el Alfaguara significa para este escritor que ha recibido varios reconocimientos durante su carrera, como el premio Clarín de Novela, en 1999, el hito que marca un antes y un después personal que tiene que ver con una fuerza muy grande que le surge para seguir escribiendo “más allá de la tranquilidad que te da el premio y la idea de más trabajo, tengo más energía sobre todo por el contacto con los lectores”.