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Una misión diplomática más caló su vida de forma insospechada. Hace tres años llegó a Nicaragua nombrada agregada cultural de la Embajada de Estados Unidos y en lo primero que pensó fue en cómo aguantaría el calor con el que Managua la recibió, sin embargo, ahora que debe partir reconoce que está triste.

A menudo se le veía en el Teatro Nacional Rubén Darío, en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica y en las principales actividades culturales del país. Siempre elegante, carismática y muy accesible, Valeria Wheaton se convirtió en una de las agregadas culturales más activas del país.

“Llegué el 12 de noviembre de 2009, a las 8:30 de la noche al aeropuerto de Nicaragua, el ministro consejero me recogió con su esposa y me llevaron a mi casa. Mientras estaba pasando por las calles iba pensando que había llegado a una ciudad tan caliente que no podría aguantar el clima. Durante semanas sufrí y lloré, pero hoy puedo decir que al igual que el calor del clima así es la humanidad del nicaragüense de fuerte”, señaló Wheat mientras apoyaba sus manos en el que aún era su escritorio.

Asimismo, compartió que antes de arribar a Nicaragua estuvo dos años en Argelia, una experiencia que le resultó interesante, sin embargo, admite que allá se enfocó en programas educativos algo que dejó a un lado en nuestro país para concentrarse en el aspecto meramente cultural, porque es propicio en esta tierra.

“En Nicaragua he impulsado varios programas culturales y he tenido que viajar así que conozco mucho de este país, desde Puerto Cabeza a Jinotega, Nueva Segovia, más al sur, la Isla de Ometepe, Rivas, Granada, Juigalpa. Lo maravilloso es que en Argelia tuve que viajar en avión a causa de la seguridad mientras que aquí todo es por carretera, algo realmente hermoso”, aseveró.

El arroz aguado es su comida predilecta

Acerca de su gestión, enarboló con satisfacción que pudo hacer programas para las ciudades grandes, para las pequeñas así como para las aldeas, por lo que “realmente pude conocer a la gente nicaragüense y estrechar nuestras manos. No me concentré solo en la capital”.

Es imposible conversar con un extranjero y no preguntarle por la gastronomía nica, así que Wheat no fue la excepción. Al respecto dijo que “la comida nica ha sido un poco diferente para mí, sus combinaciones no las conocía, como la combinación del repollo con yuca, el vigorón. La primera vez que lo vi me impresionó porque parecía muy extraño pero realmente me gustó”.

Y hasta lleva un plato favorito y es el arroz aguado, “me encanta, es para mí comida muy cómoda, con sustancia. Me fascina”.

La labor de la señora Wheat le valió para que recibiera diversas condecoraciones de instituciones culturales a nivel nacional y se mostró muy satisfecha por todas ellas.

“Fue un honor para mí haber trabajado mucho con el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, porque desde que conocí a René González y vi los programas que tenía en el INCH pensé que sería un buen socio o colaborador para los programas de la Embajada, pues en nuestra sección no hay mucha gente trabajando y tenía claro que aliándonos con otras organizaciones íbamos a lograr grandes cosas”, refirió.

Además, compartió que cuando el señor González le dijo de la condecoración” estaba emocionada porque otras 8 organizaciones también me dieron reconocimiento. Así que viendo, pienso que un agregado cultural debe extenderse por la comunidad y ofrecer programas nuestros pero conocer algo de la cultura nacional de Nicaragua, sus tradiciones y arte”.

Ah, y al hablar del arte se emocionó porque dice que le encanta y que ha conocido a varios artistas y ha comprado varias obras.

Le gusta la música nica

“Hoy fui a una entrevista en un canal de televisión y sabes quién estaba allá, Luis Enrique, cuando lo vimos estábamos muy emocionados. Me gusta la música nicaragüense ahora conozco a Carlos Mejía y a su hermano Luis, a Norma Helena Gadea y al guitarrista Eduardo Araica realmente hay buenos músicos”, prosiguió.

Se reconoce amante de nuestra tradición folclórica y dice que le impresionó haber ido a muchas universidades y ver que cada una tiene una compañía de danzas tradicionales, y eso es algo que “no tenemos en los Estados Unidos y para mí es una manera de conservar su cultura, porque he visto que desde los pequeñitos hasta los universitarios se muestran orgullosos de sus bailes que me encantan y los vestidos son tan bonitos”.

Acerca de si le quedó algo pendiente por hacer, entre risas dijo que encargó una pintura que aún no está terminada, por lo que tendrá que volver por ella y visitar a sus amigos.

Y ya más formal, dijo que en cuanto a programas siempre queda algo pendiente y señala la necesidad de que se realice un programa de teatro, aunque también se mostró contenta porque aunque sea al final de su gestión logró realizar el festival de cine independiente estadounidense, que resultó todo un éxito.

Como un halago se debe tomar el que haya manifestado que nunca habría pensado que en una noche en Managua haya tres o cuatro eventos culturales, y el hecho que le sorprendió la calidad de la cultura literaria como el trabajo del Centro Nicaragüense de Escritores, de Anide, del Festival de Poesía de Granada y de todas las demás organizaciones”.

Así que con la nostalgia rondándola, Valerie Wheat se despide de Nicaragua diciendo: “Estoy un poco triste porque me voy, va a ser difícil, y ahora recuerdo a un amigo mexicano que en Argelia, cuando se enteró que venía para acá, me dijo vas a pasar muy bien porque los nicas son muy acogedores. En realidad aquí dejo grandes amigos”.