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Una densa atmósfera de arte recibe al visitante desde que traspasa el umbral de la puerta de entrada. Su casa está prácticamente convertida en templo del arte nacional, con cuadros de pintores de los cuatro puntos cardinales del país, entre los que lucen como intrusos Las tres gracias de Peter Paul Rubens y los rostros de unos faunos que llegaron directamente desde Grecia.

Este hogar es el de un economista que cuando tenía nueve años representó al personaje del Cacique Nicarao en la recreación del encuentro con los españoles, y ahora rige el destino de una de las principales y más activas instituciones culturales del país, vinculada directamente con España.

Nacido en Managua y convertido en un hombre de mundo que ha vivido en distintos países por circunstancias dictadas por el destino, René González Mejía, Presidente del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, se ha convertido en un agente modernizador del recinto que este 12 de octubre cumplió 53 años de quehacer cultural.

Y en la acogedora terraza bañada por el manto verde refrescado por una mañana lluviosa, El Nuevo Diario conversó con él, escudriñando en su pasado, ahondando en su presente y penetrando en sus teorías.

En ese ir y venir en su vida, fue fácil advertir el dinamismo que ha caracterizado su desempeño laboral, así refirió que regresó a Nicaragua porque le propusieron ser director ejecutivo del Instituto Nicaragüense de Deportes, además de que fue atleta de alto rendimiento en el deporte de natación, y hasta llegó a ser presidente de la federación de tritones.

Después de estar 24 años en el Instituto Nicaragüense de Deportes, se trasladó a trabajar a una compañía petrolera, y actualmente, aunque muchos piensan que su trabajo es dirigir el INCH, en realidad a este le consagra su tiempo libre, puesto que es el director ejecutivo del Instituto de Desarrollo, INDE.

“Mi trabajo en el INCH es una labor comunitaria, social y cultural a la que le dedico gran parte de mi tiempo libre como gestor y promotor cultural. A este trabajo llegué por mera casualidad estando en una asamblea de asociados cuando existía la necesidad de elegir una junta ecuánime para acoplarse a las líneas de acción y estrategia de la cooperación española.

Fui electo a finales de 2008 y he sido reelecto dos veces”, compartió acerca de cómo llegó hasta la presidencia del INCH.

Asimismo, ni sus múltiples ocupaciones han logrado apartar a René González de la natación, disciplina que sigue como forma de vida, y asevera que una vez que concluye su jornada laboral se integra a trabajar en el INCH: “Afortunadamente nuestras actividades son por las noches, y cuento con un excelente personal administrativo y ejecutivo”.

Y la presencia del arte en su casa no es adrede, pues se reconoce como un coleccionista de arte nicaragüense, “soy un asiduo lector de narrativa y poesía, he conocido e interactuado con los escritores más conocidos”.

Escudriñando en su gestión en el INCH, reconoce como uno de sus principales logros modernizar la institución y le satisface que bajo su conducción haya “cumplido 50 años, y siga con una visión más abierta con reconocimiento de la población y de los creadores culturales”.

Es uno de sus retos seguir manteniendo financieramente la institución, porque considera que los recortes presupuestarios influyen; no obstante, dice que “afortunadamente siguen contando con la ayuda del Gobierno español por medio de la Embajada y de la Agencia Española de Cooperación”.

Las gestiones realizadas ante la Asamblea Nacional también han sido un gran logro, pues durante los dos últimos años los diputados de la bancada mayoritaria han aprobado presupuesto adicional para la realización de actividades culturales no solo en Managua sino en León, Granada, Masaya, Carazo, Rivas, Matagalpa y Jinotega. “Somos la única institución cultural privada que tiene actividad continua mensual en varias sedes”.

Y además de todo eso, René González colabora con el Benemérito Cuerpo de Bomberos, recientemente fue electo fiscal de la Junta Directiva de esa institución. También es parte de los Amigos de la Policía, aunque reconoce que dicha asociación está en una especie de letargo; asimismo, pertenece a la Orden de San Juan de Jerusalén.

“En 2007 fui invitado a pertenecer a esa milenaria orden que empezó siendo de carácter religioso, luego religioso-militar, y en los nuevos tiempos de naturaleza social; en Nicaragua hay un capítulo de esta orden integrado por muy pocas personas y cuya acción social preferimos mantener sin publicitar”, resaltó.

Sobre la hispanidad

René González considera que la hispanidad, desde el punto de vista cultural --que es el gran legado que pervive-- ha supuesto un sincretismo de integración de las diversas culturas autóctonas con la proveniente de la Península Ibérica, “y prueba de su solidez es que subsiste pese al transcurso de los siglos, e incluso se identifica en comunidades hispanas emigradas a naciones de cultura anglosajona. Por lo tanto, es un tesoro que se ha de conservar, cuidar y fomentar, no debiendo ponerse en pugna con las culturas autóctonas “ni siquiera en España” sino como elementos plurales de convivencia que se enriquecen y se complementan”.

Asimismo, para el presidente del INCH hay que relanzar la realidad de Hispanoamérica, y aduce que para mantener la hispanidad, en Nicaragua hace falta más patriotismo y entrega al trabajo, virtudes que deben descansar en un conocimiento total de la realidad de Iberoamérica.

En esa línea propone que frente al ideal de la hispanidad hay que oponer una realidad hispánica; es decir, que frente a un proyecto hay que situar una obra, una empresa con diversos frentes que al sintetizarse den como resultado una hispanidad vigorosa ante los nuevos desafíos.

Para González, la lengua de Cervantes es el primer frente porque ha sido, es y seguirá siendo un vínculo fuerte entre ambas orillas del Atlántico, pero enfatiza en que no se trata de una lengua defendida con criterios excluyentes, sino permeable, abierta a todo genio creador de América.

Asimismo, asume que no se puede obviar la necesidad de un frente de índole económico en el que España debería realizar los esfuerzos que sean necesarios para vigorizar e intensificar su contacto económico con los pueblos de Iberoamérica y servir de puente para dinamizar el Acuerdo de Asociación entre Europa y Centroamérica.

Y finalmente, René González enarbola la importancia de que haya un frente esencial en la hispanidad: “Un frente social y político que posibilitará la armonización y la compatibilización, bajo nuevas fórmulas de la libertad y la dignidad, del respeto y la responsabilidad, de la igualdad y la solidaridad”.