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El anhelo del hombre de poder tomar las horas entre sus manos para eternizar aquellas en la que la felicidad invade el ser, está condensado en el primer poema que Rodolfo Sánchez Arauz, inserta en su libro Poemas del breve paso.

Una composición en cuyos versos canta a las horas descalzas que puede aprisionar a través de su amada; este poeta nacido en Masaya, que se crió en una casa ubicada a una cuadra del Mercado de Artesanías, en cuya construcción su abuelo, don Gabriel Sánchez de la Cerda, fue el maestro de obra.

En esa casa creció entre arte y artistas, pues el patriarca Sánchez de la Cerda hizo del sitio la meca de veladas y de círculos de lectura para paliar la escasez de materiales, se daban cita ahí para compartir libros, información y conocimientos.

A estas alturas de la vida, Sánchez Arauz reconoce que gracias a su formación, tanto en el Colegio Santa Teresita como en el Salesiano, pudo llegar a amar la poesía, pues desde esos años de aprendizaje inicial se destacó declamando poemas infantiles; a los seis años ya recitaba a Rubén Darío.

Como un alumno agradecido que rinde siempre mérito al maestro que lo conduce, Sánchez Arauz recuerda a Juan Bautista Alas, un salvadoreño amante de la poesía y del teatro, como uno de sus grandes mentores, con el que también conoció la pasión por la actuación teatral.

Sus pasos por el sendero educativo continuaron en el Instituto Nacional Central Ramírez Goyena, donde prosiguió con sus inclinaciones, así que participó en declamación, canto y composición, pero a esa altura dice que “ya escribía poemas de hombrecito y disfrutaba la relación con Octavio Robleto y Guillermo Rothschuh Tablada”.

Un poeta economista o un economista poeta dueño de recuerdos invaluables y de lecturas codiciadas, que gracias a que creyó que la formación humanista no podía estar completa sin estudios económicos viajó a Argentina a realizar sus estudios universitarios, donde no solo se formó sino que también conoció a grandes escritores de América Latina.

“Argentina era una ciudad donde los libros estaban al alcance de la mano, ahí conocí a Ernesto Sábato, lo visité en su casa de habitación en una provincia de Buenos Aires, donde vivía modestamente, impoluto. También conocí a Jorge Luis Borge, asistí a ciclos de conferencia con él, a Pablo Neruda me le acerqué en la Confederación Única, de Trabajadores de Chile, CUTC, en 1959, y a Miguel Ángel Asturias lo traté mucho en su propia casa, en calle Leandro Alen, nos daba asesoramiento a los estudiantes nicas porque teníamos un periódico llamado Nicaragua Revolucionaria”, compartió el hombre en cuya obra el elemento piedra juega un papel preponderante.

Y de esa etapa argentina recordó que el entonces rector de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, don Mariano Fiallos, llegó a un congreso de rectores latinoamericanos y denunció la masacre del 23 de julio, acción que fue respaldada por los nicas que él lideraba en el país del Sur.

A su regresó a Nicaragua, ya graduado de economista, Rodolfo Sánchez Arauz se integró a trabajar como docente en distintas universidades, además laboró en empresas e impulsó estudios económicos; sin embargo, a pesar de tantas ocupaciones, nunca dejó de escribir, aunque dice que ya no era su principal actividad.

Poemas del breve paso

Tras compartir sus idas y venidas, encuentros y desencuentros, Sánchez Arauz dijo que Pomas del breve espacio es un libro compuesto por versos derivados de múltiples vivencias, alas que les da mucha importancia, son muy vitales para él y las toma para expresarlas auxiliado por el enriquecimiento con las lecturas.

“Mis poemas están impregnados de vivencias, recuerdos, nostalgias, lugares de la naturaleza visitados por mí intensamente, amores relacionados con la naturaleza, he tratado de hacer una poesía diferente, no nueva, pero sí diferente, sin pertenecer a corrientes ni círculos literarios pre-establecidos”, aseveró.

El libro está segmentado en tres partes: la primera se llama Paso Breve y está compuesta por 18 poemas cortos y largos, sin ser kilométricos; la segunda parte la integran tres elegías para Álvaro Urtecho, a quien no solo lo unió una gran amistad sino que lo considera uno de los grandes poetas en los últimos 40 años; y la tercera es Memorial para un patriarca de Masaya, don Gabriel Sánchez de la Cerda, un poema de largo aliento.

Y tras amplia conversación, Sánchez Arauz culminó con una frase más que significativa: “Mi yo tiene sus propias riquezas que tiene que expresar a través de la poesía, sin tratar de decir que es la mejor forma de hacerlo, pero es mi forma”.


Tomenota:

Poemas del breve paso se presenta este 25  de octubre a las 6:30 p.m., en el Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica.