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Una carrera literaria brillante estuvo al borde del abismo porque no convencía a la familia de un escritor, al punto de que su padre decidió sentarlo y decirle: “hijo, yo miro que usted está perdiendo su tiempo en esto de la literatura, van pasando los años y quiero que tome una decisión para su futuro”.

Una semana después de esa desalentadora charla, el joven Javier Alvarado ganó el Premio Centroamericano de Poesía Rogelio Sinán, uno de los más prestigiosos en la región.

Hoy ese joven panameño nacido en Santiago de Veraguas, que empezó a escribir a los 15 años y que cuenta con diez libros publicados, camina con serenidad y confianza por las calles de Managua, en un país que le es familiar porque es el que más ha visitado, y al que llegó en esta ocasión por ser el ganador del Premio Internacional de Poesía Rubén Darío, al cual optó gracias a la intervención del escritor nicaragüense Ulises Juárez Polanco.

“Ulises me habló del premio y me invitó a participar, yo no estaba tan convencido porque no confío mucho en los envíos por correo, así que le mandé el material vía e-mail, él lo imprimió y lo envió al concurso”, reveló.

Alvarado atribuye su encuentro con la literatura a “la suerte de que encontré a una profesora en la escuela secundaria que me llevó a amar la literatura panameña y a conocer a Gabriel García Márquez. Ella enseñaba con tanta pasión que ese fue el primer sedimento para que amara los libros”.

El dolor abrupto de la desaparición de un ser querido lo hizo salir de la crisálida, y hoy dice que las pérdidas han marcado su obra, pues cuando se dio la muerte de su abuela materna vivió un impacto existencial que lo llevó a desahogar en versos el sentimiento de búsqueda.

Cuando Alvarado ganó su primer premio de poesía, se dio cuenta que no se trataba de un hobby sino de un compromiso.

“Aún arden las pérdidas” es la frase del poeta español Antonio Gamoneda, que Alvarado retomó para indicar que el sentimiento de pérdidas que lleva al sentimiento de búsqueda, lo siguió marcando siempre tras la figura de la abuela, no solo de la que perdió, sino por la verdadera madre de su mamá, a la que buscó en Carta natal al país de los locos.

“La poesía es la manera de recuperar lo perdido, es un encuentro, reconocimiento de hacer tangible algo que no está”, refirió.

El mar que me habita es el poemario con el que ganó el “Rubén Darío”, y como su nombre lo indica tiene como leit motiv el mar, a partir de su relación con él y de las experiencias de otras personas.

Además tomó a Panamá como tema, pues considera que a pesar de ser un país de tránsito, por su posición geográfica son caribeños de cultura, afirma que cuando el Océano Pacífico fue descubierto por Vasco Núñez de Balboa se definió la historia de esta nación por lo que en el libro ganador hay poemas históricos en los que confluyen lecturas y relecturas de ese proceso, así como amor, erotismo y mitología.

Y en la cosmogonía rescata en una composición cómo se dio el nacimiento de Panamá mediante la leyenda de la mujer que estaba en la parte de Centroamérica y quería cruzar al Sur pero no existía el puente que hoy en día es la nación canalera, así que ella invocó a los dioses e intentó pasar a nado pero murió ahogada, por lo tanto, las deidades la convirtieron en tierra y así nació el país. Como anécdota, cabe destacar que Alvarado estaba a punto de cortarse el cabello en una barbería cuando el ingeniero Luis Morales Alonso lo llamó para informarle que su obra había ganado el Premio Internacional Rubén Darío, así que no reprimió su felicidad al punto que dice que la gente lo miraba como loco.

El jurado del concurso estuvo compuesto por la escritora Helena Ramos, el escritor y periodista nicaragüense Erick Aguirre y el poeta Antonio Preciado, actual Embajador de Ecuador.

Más allá de la dotación económica y de la publicación de la obra, para Alvarado, cada premio es importante para “que la gente vea que esto es lo mío, que es mi trabajo, porque me ha costado mucho que entiendan que yo no puedo estar en un trabajo de lo que se llama formal, lo mío es leer y escribir, ese es mi trabajo, es lo único que puedo hacer”.

Este joven escritor que está trabajando de cinco a seis poemarios al mismo tiempo y que está empezando a escribir teatro recibirá su premio en una ceremonia formal esta noche en el Teatro Nacional Rubén Darío, en el Salón de los Cristales, a partir de las 6 de la tarde.