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Con la realeza del rock’n’roll literalmente rendida a sus pies, ese prodigio de la guitarra eléctrica conocido como Jimi Hendrix (1942-1970) estaba obsesionado a principios de 1968 en expandir sus horizontes musicales, quería explorar nuevos sonidos y estilos, buscar otros compañeros de viaje. ‘Jimi era un alma inquieta’, le define el colaborador, amigo y veterano productor Eddie Kramer a la hora de dar cuenta de una colección de grabaciones de estudio inéditas que saldrán al mercado el 5 de marzo y que son el reflejo de ese empeño de Hendrix por imprimir un cambio de dirección cuando su entonces corta pero meteórica carrera se hallaba en el pico.

Cuarenta y tres años después de la muerte del artista estadounidense, cuyo legado ha sido explotado en una docena de discos póstumos que cuadruplican los que publicó en vida, no puede decirse en puridad que los doce títulos recogidos en el álbum People, hell & angels constituyan un descubrimiento para el público. Casi todos ellos ya habían salido a la luz de una u otra manera. ‘Los temas pueden resultar familiares, pero su ejecución es totalmente diferente’, defienden los artífices de esta nueva entrega que se centra en la etapa más experimental del guitarrista y compositor, aquella en la que está soltando amarras del trío The Jimi Hendrix Experience y en la que, para algunos de sus incondicionales, creó quizá su mejor música.

El filón aparentemente inagotable de su herencia musical acaba de traducirse con People, hell & angels en ‘el último álbum de estudio de Jimi Hendrix. No habrá más, palabras de Kramer.