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Con la luz introduciendo la vida en cada uno de sus cuadros, la pintora nicaragüense Rosario Ortiz de Chamorro invita al deleite en un mundo impregnado por el aroma de la fruta fresca y el polen de exóticas flores, cuya belleza se acentúa a través de la delicadeza de cada trazo y la fuerza del color.

Más de cuatro décadas respaldan su trayectoria con una dedicación a la pintura, arte que ha mutado según su alma de artista, ha ido en busca de esa forma que ansía el inquieto espíritu de los creadores, pero nada ha sido en vano, pues ya forma parte de diversas colecciones en varios países, y este año lo inició escalando un peldaño muy importante al llevar su obra hasta las instalaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco.

“Nature Passionnèe” es el nombre de la muestra con la que la señora Ortiz de Chamorro tapizó las paredes de la sala de exhibición de la Unesco del 14 al 18 de enero.

“Naturaleza apasionada” es un trabajo en el que lo religioso y el amor a la tierra se funden en una tierna eclosión de color en imágenes, que la señora Ortiz de Chamorro califica como cuadros en los que aflora la transición que dio al pasar de pintar naturaleza muerta al movimiento producido por la pasión que engendra la armonía en el cosmos.

Según ha expresado, sus cuadros son un homenaje a Dios, porque es el creador de todos los elementos de la naturaleza que absorben su atención y activan la sensibilidad de sus sentidos que se subyugan ante el encanto de la vivacidad de los frutos perfectos.

Su obra

“Mi pintura ha madurado, reflejando mi profunda admiración, amor, respeto y preocupación por preservar lo mejor posible el medio ambiente que nos rodea”, señala en un válido llamado en un mundo que dista mucho de la protección al entorno.

Asimismo, esta pintora reconoce que toma prestado de la creación divina los elementos, sin embargo, este proceso no sería exitoso si ella no se apropiara de ellos y los moldeara y transformara, al pasar del objeto real a la sublimidad de su pincel.

Esta artista que aboga por la vida también impresiona con la diversidad en el manejo de las frutas, pues no solo las presenta completas, sino que las penetra con el cuchillo del arte, escudriña sus entrañas hasta llegar a la fértil semilla, que al fin y al cabo es la responsable de que el ciclo siga vigente y de que la naturaleza perviva.

Así que su comunión con el mundo circundante es el gran motor de esta nueva etapa en su pintura, lo que dejó claro al inaugurar la muestra en la Unesco: “Que esta profusión de características que encontramos en lo que nos rodea, despierte en nosotros el amor que nos completa, alegra y da vida para convivir, comunicarnos y crear; amor que posea la fuerza para cambiar la cultura de la muerte, de tristeza y destrucción --de la cual debemos alejarnos--, en una cultura de Vida, de relación y de afecto que todos deseamos. Solo así podremos alcanzar la paz”.