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Aunque desde hace ya varios años Tom Cruise forma parte de la jerarquía de la iglesia de la Cienciología, un sistema de creencias y enseñanzas que defiende que el hombre es un ser inmortal y espiritual, el actor tiene un pasado católico que no mucha gente conoce. Según se recuerda, Tom Cruise se unió a la Cienciología por primera vez en 1990 mientras estaba casado con su primera esposa Mimi Rogers. Sin embargo, su conexión con esta religión no empezó a cuestionarse hasta contraer matrimonio con Nicole Kidman.

Sin embargo, a pesar de ser uno de los rostros más reconocidos y visibles de esa fe, ha sorprendido un artículo publicado en el periódico New York Daily News, en el que se afirma que el protagonista de ‘Eyes wide shut’ incluso estudió en un seminario con el fin de convertirse en sacerdote católico.

“Él tenía una gran fe católica. Íbamos a misa, pasábamos mucho tiempo en la iglesia y nos gustaba escuchar las historias de los curas. Pensábamos que tenían un estilo de vida envidiable, y teníamos mucho interés en convertirnos en curas, aunque éramos demasiado jóvenes para tomar una decisión así”, declaró al periódico New York Daily News el amigo de infancia del actor, Shane Dempler.

Sin embargo, los planes de Tom y Shane se fueron al traste cuando ambos protagonizaron uno de los episodios que más se recordarán todavía hoy en el seminario.

Aunque no fueron “oficialmente” expulsados por ello, los dos intrépidos seminaristas decidieron robar a sus sacerdotes varias botellas de alcohol que, pese a sus planes, no acabaron consumiendo ellos sino varios de sus compañeros, quienes les delataron poco después.

“Le pasé unas seis botellas, la mayoría se rompieron, pero conseguimos esconder algunas en el bosque. Los curas ni se dieron cuenta hasta que algunos de los chicos se enteraron de nuestro plan, se fueron al bosque y se emborracharon. Los pillaron tambaleándose por la carretera del seminario y les obligaron a confesar. La escuela envió una carta a nuestros padres, en la que explicaban que estaban contentos con nosotros, pero que preferían que volviéramos a casa. Por lo que oficialmente no nos echaron, sino que nos invitaron a que no volviéramos”, reveló.

Sin embargo, esta breve experiencia en el seminario a finales de los años 70 fue determinante en la vida del popular actor, quien empezó a dar sus primeros pasos en la interpretación gracias, precisamente, a uno de sus tutores religiosos.

“Él destacaba en deportes y en interpretación. Había concursos, y siempre que podía, competía. Teníamos un profesor de teatro excelente, el padre Aubert Grieser. Nos enseñó a hablar en público. Solíamos meternos en problemas, ya que el padre Aubert nos decía que no escupiéramos cuando hablábamos, pero lo hacíamos adrede y la broma nos costaba 50 céntimos”, aseguró.