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La noticia está recortada con los dedos: ‘Un poeta chileno ha sido muerto de hambre por su mujer’. La otra nota del periódico, igual: ‘Seis niños atraviesan el desierto en busca de cariño y de fútbol’.

En la libreta pequeña junto al papel amarillento del diario hay apenas un apunte sobre las noticias; unas páginas después, una breve narración engarzando aspectos de ambas; al lado de eso, ya un manuscrito, con una letra envidiablemente cartesiana y clara: ‘Ahora abro la ventana, qué luna, detrás de mí, acuchillados y silenciosos, están Charles Bronson, Ernesto, Ramón y los dos pequeños’.

Así arranca el manuscrito de Las alamedas luminosas, historia de Julio Arriagada, poeta y exministro, secuestrado en casa por su mujer, al que se le han cruzado (o tarde o temprano lo harán) unos niños huidos por Antofagasta...

Ahí está, desnuda, la génesis de un texto inédito del escritor chileno Roberto Bolaño, de entre 1979 y 1980; así cocinaba su literatura, esa que hoy está traducida a 37 lenguas y cuyo título estrella, 2666, da nombre desde hace poco a una librería de Pequín.

La suerte de poder estar en la trastienda del autor fallecido hace ahora 10 años la tendrán quienes se acerquen hasta el 30 de junio al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) a pasearse por la exposición Archivo Bolaño. 1977-2003.

El privilegio también lo será este otoño para quienes visiten Nueva York. A Madrid llegará en otoño de 2014. Bolañistas y bolañólogos (más estos) disfrutarán de lo lindo. La muestra, comisariada por Valérie Miles y Juan Insua, ofrece 230 originales, un centenar de fotografías, otros tantos libros, ocho audiovisuales y un archivo digital con casi todas las entrevistas de las 167 que le hicieron y que él conservaba. ‘Lo guardaba todo: he encontrado hasta notas en una servilleta de papel de un bar de México de 1975’, ilustra la viuda del escritor, Carolina López, que en 2006 empezó a trabajar en las 14,374 páginas del apartado de originales, que incluyen 26 cuentos inéditos, cuatro novelas, poesías, borradores, más de 1,000 cartas recibidas, escritos de vida...

De todo un poco de eso hay en esta ‘primera exploración a un archivo que muestra el origen de personajes y obsesiones, la tremenda productividad de Bolaño y cómo se enfrentó a un canon bien heterodoxo; por suerte, lo hizo todo con una alta legibilidad caligráfica’, apunta Insua. Eso se aprecia en el material de los tres apartados de la muestra, que corresponden a cada una de las ciudades (Barcelona, Girona, Blanes) y a los procesos creativos que vivió en Cataluña desde su llegada en 1977, con 24 años, procedente de México.

En medio de un sinfín de notas en los soportes de papel más impensables, sobresalen los inéditos (como El espíritu de la ciencia-ficción; o D.F.

La Paloma. Tobruk; o El espíritu de Rudolf Amand Philippi...) que, de momento solo se podrán ver en vitrinas: ‘Son originales que hay que trabajar y estudiar mucho más; no tengo intención de publicar ningún inédito más hasta que se analicen bien y, por otro lado, hasta que las traducciones de las obras anteriores no se consoliden’, apunta López. Una pena, especialmente para los mitómanos, porque las libretas que permiten ver el work in progress de 2666 (también está el original, claro) confirman que sí, seguro, la novela tiene un ‘centro oculto’. Lo fijó en un boceto él mismo. Quizá el secreto está en la exposición.