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Era en el pueblo de Miralvalle en una colonia de hormigas, se podía apreciar el cielo azul y sin nubes, era un día hermoso. Se dirigían a su reforzamiento en contra de osos hormigueros, la hormiga Lucy una niña tierna, amable con la naturaleza y aspirante a aventurera, y Sara su mejor amiga, una hormiga aburrida y sin valores ancestrales.

Estaban en la clase y la maestra Doris dijo una frase: -no vale la pena pensar en grande y no actuar-, Lucy se puso a analizar, inmediatamente agarró su mochila y se fue a su casa, al llegar le dijo a su mamá: -mamá, me tengo que ir, no me puedo quedar aquí solo pensando, debo actuar, iré por todo el mundo a enseñar el amor de la madre naturaleza que nos vio nacer, como lo dice mi abuela la gran reina hormiga, María del Cornet; es cierto madre, su pensamiento ambientalista se desvaneció como el agua de una cascada, todo por el mismo ser humano que separó nuestra raza con el apocalíptico insecticida, que no nos afectó solo a nosotros sino a ellos mismos, pobres de ellos, los enfermos humanos-. Y su madre le dijo: -hija cumple lo que tu corazón manda porque la felicidad está dentro de ti y si la quieres compartir que sea tu voluntad-. -Bueno mamá- respondió Lucy empacando sus cosas.

Lucy se fue sin decirle nada a nadie ni siquiera a Sara. Se fue con un propósito, la verdad. Esa pequeña hormiga caminó y caminó pasando por Honduras hasta llegar a Nicaragua, cuando llegó a dicho país se sorprendió, pues aquello estaba seco, no tenía ni siquiera montes, ni un par de zacates, Lucy se desanimó pero cogió fuerza del aire y siguió camino adelante. Se subió a un barco en el cual se podían divisar nueve pisos, barcos salvavidas, piscinas y en el balcón decía “Royal Caribean”. Lucy se asustó, le causó mucha impresión el estar dentro del barco, se durmió después de coger de la cocina un poco de azúcar.

-Royal Caribean ha llegado a tierras europeas…- decía un ayudante; Lucy se levantó rápidamente, habían alcanzado las costas de Inglaterra. Lucy siguió su camino topando con un circo el cual se llamaba “Tianimond”, la hormiga vio un elefante, platicó con él y le preguntó: -¿por qué no te escapas?-. El elefante contestó: -lo que pasa es que me tienen amarrado de mi pie-. Lucy le dijo: -no es así Elly, así se llamaba el elefante, todo está en la mente-. Y así el elefante se soltó y los dos siguieron su camino juntos.

Lucy recolectó en su bolsillo semillas para irlas plantando en todo lugar seco y sin vida. Siguieron hasta llegar a Asia, dejando en todo el camino plantas de amor, durante el viaje Lucy se asustó porque vio una gran muralla, ya estaba casi por terminar el viaje, cuando pasaban por un campo Elly decidió quedarse allí; Lucy siguió y pasó por la mesa de un restaurante y de repente ¡blam!... su corazón se partió en dos, Lucy la pequeña pero al mismo tiempo gran hormiga se estaba desvaneciendo, la naturaleza la tomó y se la llevó a un mundo mejor, la ignorancia humana había terminado esa nube de ecología y amor vivo a la naturaleza.

Lucy era fuente de agua, solo quedó su cuerpo, pero su alma, el agua, se había evaporado. Lucy cumplió su meta, su propósito, ayudó a la naturaleza, triunfó y vivió feliz en un jardín de flores indestructibles.

 

* Tercer lugar