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Érase una vez, la Tierra llena de vida y color con sus lagos, ríos, mares, flores, árboles. El viento soplaba, se sentía como una suave caricia, sutil, como los abrazos de una madre, el olor de las flores era como el aroma a los últimos días de diciembre, el sonido de las aves era como una orquesta que despertaba a todos por las mañanas, el sabor de las frutas hacía recordar aquellos días cuando en la niñez nos sentábamos a comer naranjas debajo de un árbol inmenso.

En las noches las leyendas cobraban vida y el cielo parecía el mar, tan inmenso, tan azul; simplemente era como un paraíso pero a medida que la humanidad destruía la Tierra eso se volvió nada más que un recuerdo, un sueño, una vana ilusión que parecía que no se iba a volver realidad.

Hasta que un día todo iría a cambiar, había un hombre que habitaba el planeta, se había quedado ahí, cuando la humanidad decidió irse porque tenía esperanzas de que algún día la Tierra fuera a ser rescatada por alguien que sin importar el duro trabajo hiciera lo correcto.

Algunos animales seguían en la Tierra, el señor entonces se dirigió a ellos relatándoles lo maravillosa que era la Tierra, entonces, cuando aún los humanos no habían acabado con todo sin dejar nada a su paso, más que basura y para peor la abandonaron, pero ¡no!, él se quedó porque sabía que había una esperanza. ¡De repente!, en uno de sus relatos los animales empezaron a hablar, el hombre se asustó, pero ya luego más calmado y asombrado le pregunto a los animales como pudieron hablar, eran cinco animales: el guardabarranco, la tortuga, el topo, el caballo, y por último pero no menos importante la mariposa.

Los animales le dijeron que su gran espíritu, que por la naturaleza lograron hablar, le dijeron que querían que los humanos volvieran y que aprendieran a respetar y cuidar también, por esa razón al hombre se le ocurrió algo.

-¡Vamos a hacer una carrera de reciclaje!, luego lanzaremos el mensaje al espacio para que los humanos lo puedan ver y pondremos que habrá un premio imaginado-. -¿Cuál es el premio?- dijo la mariposa. El hombre contestó: -ya verán, es una sorpresa, no se impacienten-. -¡Muy bien!-, dijo el caballo. -¡Ahora!-, dijo el guardabarranco y juntos lanzaron el mensaje.

Pronto personas de todos lados venían a la Tierra a participar en la carrera, entre ellos se encontraba un niño llamado Juan, al que le gustaba mucho oír los relatos de la Tierra cuando aún estaba con vegetación y estaba dispuesto a rescatarla. La carrera consistía en lo siguiente: primero comenzaba en la Tierra, el que sembrará más árboles ganaría la primera parte de la carrera. Juan muy entusiasmado plantó flores, árboles, pinos, junto con sus amigos y ganaron la primera ronda.

Luego fueron a los mares zarparon en unos barcos, pero no barcos con motor, tenían que limpiar los mares en barcos de botellas plásticas. Juan tomó la delantera y recogió todo lo que pudo, su saco pesaba más y ganó la segunda ronda.

En la tercera ronda tenían que limpiar la Tierra, es decir tenían que recoger los desechos que habían botado en la Tierra, pasaron horas y la parcela que Juan limpió era la más limpia de todas y no era sorpresa que Juan ganara la tercera ronda.

La cuarta ronda consistía en sembrar la Tierra limpia y luego la última y más importante ronda era cuidar todo eso. El día de la premiación dijo el hombre a Juan: -¡has ganado! Ahí está tu premio- y el hombre solo le enseñó lo que hizo. FIN.

Mensaje: el guardabarranco representa los cielos, la tortuga los mares, el topo la tierra, el caballo el campo y la mariposa todo. Las rondas consisten en limpiar el hábitat de cada uno. La comunicación entre el hombre y los animales representa la unión del hombre y la naturaleza. Juan es el cambio y el resultado si cuidamos nuestro planeta es El Gran Premio.