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Venezuela, Argentina, Colombia, México, Uruguay y España, muchas son las coordenadas geográficas inherentes a Ricardo Montaner, uno de los artistas románticos más importantes en español, que repasa los puntos más importantes de su atlas personal ante el lanzamiento de su último disco, Viajero frecuente.

“Cambié de libertador, de San Martín a Bolívar”, bromea Ricardo Montaner durante una entrevista con Efe al preguntarle por el primero y más significativo viaje de su vida, el que le llevó a los seis años de edad de su Argentina natal a Venezuela, donde su padre encontró un nuevo trabajo.

Incluso, tiempo después de ventilar los pulmones con la brisa caribeña de Maracaibo, algo queda de Buenos Aires en ellos. “Tus raíces te dejan ciertas cosas que no dejas de tener nunca, como el asado del domingo o reunirte con amigos y familia para ver los partidos”, asegura este ríoplatense de 55 años.

Zuliano de corazón

“Cambian las costumbres alimenticias. Dejas de hablar con el cantadito argentino y empiezas a hablar con el cantadito caribeño. Todo eso te va educando y haciéndote evolucionar. Comienzas siendo un ser tímido y con todo esto de viajar se hace más fácil hablar”, recuerda el artista.

Él declara sentirse venezolano y, para ser más exactos, zuliano, nombre que reciben los habitantes de Zulia, en Maracaibo (Venezuela), donde formó su primera banda, Scala, y donde un joven baterista de 16 años se colocó circunstancialmente y por primera vez detrás de un micrófono, sin saber que estaba disponiendo las primeras baldosas de un camino dorado.

Sin salir de los límites del bello selvático, su siguiente parada fue Caracas, donde su carrera artística comenzó a despegar. Allí publicó en los años 80 sus primeros discos, «Ricardo Montaner» y «Ricardo Montaner 2», con el que logró su primer éxito internacional, «Tu piano y mi guitarra».

Desde entonces, decenas de éxitos y más de una veintena de álbumes han jalonado su discografía y su carrera, coronada en 2012 con su victoria como «coach» en el famoso formato televisivo de «La voz», esta vez en Colombia.

Orgullo colombiano

Fue uno de los participantes en 2008 en la primera edición de los conciertos “Paz sin fronteras”, organizados por el cantante Juanes en la frontera de Colombia y Venezuela junto a otros grandes artistas como Alejandro Sanz y Miguel Bosé, en un intento por reafirmar el mensaje antibelicista de que colombianos, venezolanos y ecuatorianos son “hermanos sudamericanos”.

“Tengo una estrecha relación con Colombia desde que escribí Ojos negros, en 1987. Siempre he musicado novelas allí, y me han llamado para hacer apariciones en algunas como Betty, la fea”, destaca Montaner sobre su relación con este país.

Durante su participación en el mencionado programa de televisión La voz, se trasladó durante cuatro meses a Bogotá, y dice que eso le proporcionó “una gran afinidad con el público colombiano”.

Tanta que, en un homenaje a los soldados heridos en acción, el mismo presidente Juan Manuel Santos le dio una gran sorpresa.

“Me invitaron a pasar a un salón a tomar un café y allí encontré a mis hijos, a mis compañeros de mi programa de TV y al presidente, que me dijo si quería ser colombiano”, relata sobre lo que él considera “un gran orgullo”. “Es de estos premios cuyo valor es demasiado grande como para poder cuantificarlo”, añadió.

México y España

Muchos más países han celebrado la música de Montaner; por ejemplo México, donde comenzó su última gira mundial con un concierto lleno hasta la bandera en el Auditorio Nacional del DF, al que siguieron otros tres “shows” igualmente abarrotados en Monterrey, Zapopán y Puebla.

Esa gira, la que ratifica su condición de “viajero frecuente”, le llevará por primera vez de forma “oficial” a una tierra que era suya antes siquiera de nacer, España, que visitará en octubre.

De uruguay al cielo

Su último viaje, el que ha retratado en su nuevo disco, es una especie de lucha contra el tiempo, “de lo que significa, sobre todo -apunta- para los que no lo hemos valorado y empieza a ser una cosa fundamental”.

Recupera en él un tema fundamental de su carrera y de su vida, “La gloria de Dios”, pues la compuso tras su proclamada conversión al cristianismo, que se produjo a su vez después de visitar a un niño enfermo en un hospital uruguayo.

“Yo no he abrazado ninguna religión. No creo en ellas, porque son armadas por los hombres”, precisa el intérprete, quien dice no obstante que en lo que sí cree es en una relación directa con Dios.