•   Londres, Reino Unido  |
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  • EFE

No trabajar más de diez horas al día y tener al menos un descanso para comer son algunas de las reivindicaciones laborales incluidas en el primer código que regula en el Reino Unido el día a día de los modelos.

Desde hace años, varias figuras del mundo de la moda, como Kate Moss, han relatado o denunciado las duras condiciones en las que desarrollan su actividad profesional para publicaciones o diseñadores.

La edición británica de la revista “Vogue”, considerada por muchos como la “biblia” de la información en este campo, ha sido la primera en lanzarse a la piscina y en comprometerse que los modelos serán contratados bajo unas condiciones “dignas” en las sesiones de fotos.

Su promesa reside en la firma del código de diez puntos elaborado por el sindicato británico Equity --que agrupa a intérpretes y a modelos-- centrado en las horas laborales, los descansos, los seguros, los pagos o el transporte, entre otros.

El primer punto establece que la jornada laboral de los modelos para una sesión de fotos no puede exceder las diez horas, y que, cada cuatro horas, como máximo, debe garantizarse un intervalo de al menos 15 minutos para descansar, comer y beber algo.

Los menores de 16 años también quedan bajo la protección del código, que prohíbe su contratación para trabajos en los que tengan que aparentar ser adultos o en los que se requiera que posen sin ropa.

En una industria en la que los modelos empiezan a trabajar casi siempre antes de cumplir esta edad, las sesiones “sorpresa” en las que se les exige hacer un desnudo “son rutina”, según la exmodelo neoyorquina Sara Ziff.

La disponibilidad de alimentos y bebidas es otra de las normas que incluye el código de Equity. La obsesión por la delgadez de la industria de la moda ha llegado a provocar, incluso, que algunas jóvenes acaben ingresadas en el hospital debido a su desnutrición, según reveló recientemente Kirstie Clements, exdirectora de la edición australiana de “Vogue”.

Ziff explica que, bajo la “apariencia brillante” de la industria, se camufla muchas veces una “realidad muy dura” para los modelos, que sufren “la falta de transparencia económica o de normas sobre el consentimiento para sesiones sin ropa”.