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El Instituto Español de la Juventud, Injuve, creado en 1985 y adscrito al Ministerio de Cultura, comenzó desde entonces a promocionar a los artistas emergentes españoles. Todos ellos nacidos en la década de 1980, hacen eco de los problemas y del contexto histórico que les ha tocado vivir. Pese a todos los vaivenes políticos, sociales y económicos, Injuve sigue funcionando y el apoyo a los jóvenes creadores no ha desaparecido. Prueba de ello es la exposición itinerante que tiene lugar en el Centro Cultural de España en Nicaragua (CCEN), donde quince artistas españoles a los que se suma un colectivo de cuatro, menores de 30 años, están exponiendo una sobresaliente muestra de Videoarte. Sin embargo, además del vídeo existen referentes físicos que facilitan la comprensión de los diferentes contenidos y mensajes, tales como los dibujos, esculturas e instalaciones que los acompañan, integrando las artes tradicionales con los nuevos lenguajes contemporáneos.

Parece que entró un soplo de aire fresco con la nueva Directora del CCEN, Inmaculada Ballesteros, quien respondió positivamente a la atinada propuesta de Alicia Zamora Noguera, la nueva Coordinadora de Actividades Culturales en el Centro, al invitar a dos notables artistas nicaragüenses del vídeo, como son Milena García y Oscar Rivas.

Ambos proyectaron sus vídeos y disertaron sobre su obra. Milena parte de su mundo interior: un enfoque autobiográfico desde su niñez a su vida adulta, paralelo a su crecimiento como profesional y como artista. Oscar Rivas, por el contrario, se define por el contexto urbano, en especial de Jinotepe y Diriamba, para presentar una cartografía de la ciudad y sus habitantes, como antídoto contra la desmemoria o el olvido.

Gran valor estético

El valor estético de la muestra española no se hizo esperar y las propuestas de los artistas, lejos de eludir la realidad, muestran un compromiso consigo mismos y con su tiempo.

Si bien la calidad de toda la exposición es óptima, dos obras me llamaron particularmente la atención: “Devaluando una imagen” (2011), de Marco Godoy, y “Solago” (2012), de Olmo Acuña.

La pieza de Marco tiene como protagonista a 8 monedas de euro que han sido lijadas y pulidas hasta quedar solamente un disco de metal sin níquel, sin denominación, plano y sin relieves: un pedazo de latón sin valor alguno y sin ninguna identidad que lo sustente.

Una vez que la moneda ha perdido su valor icónico, ya no es símbolo del poder. Paralelamente a la presentación del vídeo, hay una instalación con ocho varillas de metal y en el extremo de cada una está soldada la serie de monedas lijadas y borradas hasta mostrar el proceso de la devaluación total.

La pieza de Olmo Acuña tiene un mensaje totalmente distinto. Se trata de un tema ecológico, relacionado con los desastres naturales, con el medio ambiente y con la especulación desmedida en el negocio de los bienes raíces, entre otras cosas. “Solago”, título de la obra en gallego, se refiere a las ciudades “asolagadas”, es decir, inundadas y anegadas por el agua. A veces, sumergidas por completo, vinculadas al mito de la Atlántida, se niegan a desaparecer de la memoria colectiva. La llamada “Isla de Toralla”, en la ría de Vigo, es la protagonista del vídeo.

Una inmobiliaria construyó en la isla una torre de apartamentos a principios de 1970 y la naturaleza le pasó la cuenta: la maqueta arquitectónica de la torre medio sumergida por una inundación y los dibujos sobre papel milimetrado complementan el ciclo narrativo del desastre ecológico.

La exposición está abierta hasta el 22 de junio y vale la pena que los artistas jóvenes que no pudieron asistir, hagan el intento. Siempre resulta estimulante revisitar el presente o encarar nuevos lenguajes y retos artísticos, en un momento en que el ser humano enfrenta tantas incertidumbres y desafíos.

 

*Historiadora de Arte.