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Más de tres décadas consagradas al estudio de la obra de Gabriel García Márquez tan solo pueden evidenciar una pasión que raya en la veneración por parte de un profesor de literatura que ha encontrado en el trabajo de Gabo un mundo fascinante cargado de una dosis de realidad y magia inusitada.

Aunque el escritor, periodista y docente de Literatura, Conrado Zuluaga, admite que en sus estudios universitarios había leído a García Márquez, en realidad lo descubrió cuando siendo docente le dijeron que llegaría un grupo de estudiantes extranjeros y que necesitaban preparar un curso sobre Gabriel García Márquez para ellos.

¿Usted podría prepararlo?, --le preguntaron-- y su respuesta fue: “Sí, yo lo hago”. Más de treinta años después dice que “un curso sobre este autor para estudiantes extranjeros, así como si hubiese sido sobre Vargas Llosa, o sobre Carpentier o sobre Cortázar, requiere un contexto. Y fue en busca de ese contexto que me vi obligado a hacer una inmersión en la obra de García Márquez y fui descubriendo su encanto y su maravilla”.

El encanto de la obra de Gabo

Según explicó Zuluaga, la obra del colombiano ganador del Nobel de Literatura en 1986 encierra varios encantos.

Por un lado --afirma-- nos encontramos con una renovación del idioma, pues la forma de contar es totalmente diferente y hace un rescate de formas antiquísimas que se habían perdido en algún momento de la evolución de la novela o de la narrativa.

“Si se ve con detenimiento, en Cien años de Soledad, García Márquez constantemente está diciendo ‘y entonces’, como en los cuentos que se le cuentan a los niños, y esa una forma muy propia de la tradición oral. Por el otro lado, él entabla un diálogo con otras culturas y con otras expresiones literarias, es un poco lo que hace Rubén Darío, con la salvedad de que Darío lo hizo a inicios de siglo, mientras García Márquez lo realizó a mediados de siglo”, refirió.

Asimismo, otro de esos encantos lo encuentra en el manejo del idioma en cuanto a la capacidad del autor de manejar una amplia gama de términos referidos a un mismo asunto, por ejemplo, él resalta que García Márquez “nombra más de setenta telas distintas como si él hubiese trabajado en un almacén de turcos vendiendo telas y eso no hay con qué pagarlo. Además, hay más de cuarenta formas para llamar una conversación, entre ellas murmullos, broncas, escándalos…”

No obstante, Zualuaga reconoce que habrá quien diga que Alejo Carpentier también tiene un excelente manejo del idioma, sin embargo, él afirma que para comprender la mitad del lenguaje de él hay que ir al diccionario, cosa que no sucede con Gabo, que facilita la lectura para un lector común.

Su visión de Macondo

Al referirse a Macondo, Zuluaga resaltó que “Colombia tiene 1100 municipios y si le quitamos la capital y 23 ciudades, le quedan 1050 municipios que podrían ser Macondo”.

Sin embargo, más allá de la historia que refiere el autor en torno de la creación de ese Macondo en el que coexisten mitos, temores, magia y realidad en un espacio en el que el tiempo juega un papel primordial por la ciclicidad de los acontecimientos, para Zuluaga, con Macondo hay una cosa muy importante y es que “durante muchos años la cultura occidental se ha centrado fundamentalmente en un eurocentrismo que daba por hecho que el mundo empieza en Europa y termina en Europa, pero con obras como Cien años de soledad y la creación de Macondo, se inicia a pensar lo contrario y se asienta que el mundo empieza en la periferia y no es allí donde termina”.

Este estudioso de la obra narrativa y periodística de Gabo afirma que se ha convertido en un profesor monomaniático cuyo objetivo es motivar a la lectura, sobre todo porque él en su infancia leía como por compulsión y su madre le pedía que no leyera más, sino que estudiara. Y para él “hoy en día esa diferencia desapareció y los chicos asocian leer con estudiar y es una de las razones por las que he dedicado mi trabajo a incentivar ese hábito, porque hay que diferenciar entre leer para aprender y leer para perder el tiempo, y es lo segundo lo que a mí me gusta hacer”.

 

Hay que aprender a escribir

En una de las conferencias que dictó el profesor Zuluaga en Nicaragua hizo un interesante análisis sobre lo que podríamos llamar los vasos comunicantes entre las columnas periodísticas de Gabo y sus obras narrativas donde confluyen nombres de personajes y temas tratados.
Asimismo, destacó que hay una enseñanza fundamental en la obra de García Márquez y esta es que hay que tomarse el tiempo necesario para aprender a escribir.
“Escribir no es que yo me siento, abro un cuaderno y empiezo a escribir una novela. Las cosas no son así, debemos aprender a hacerlo, y eso no es poner mi mamá me ama, sino un proceso que queremos mostrar despacio en la universidad”, señaló.
Como curiosidad de esta conversación con el profesor Zuluaga cabe resaltar que compartió que “en casa de herreros azadón de palo”, porque a pesar de que Gabriel García Márquez es colombiano, en el año 2002 le pidieron a él en Bogotá que dictara una cátedra del autor porque nunca se había hecho, algo que concibe como inaudito.
Finalmente, Zuluaga afirma que el interés por la obra de Gabriel García Márquez “crece todos los días, pero tiene que seguir creciendo y ojalá de aquí a 400 años se siga leyendo, así como nosotros seguimos leyendo a Cervantes y a Shakespeare”.